lunes, 21 de julio de 2014

They don't love you like I love you.

Cuando era muy niña tuve oportunidad de contemplar el esplendor dorado y turquesa de mi primer verdadero amor: el mar. Ahí enfrente todavía no había nacido la desesperanza, mi corazón estaba intacto y reluciente, como mi cabello y mi alma; mis ojos no habían llorado nunca de desilusión, por eso yo me llenaba las manos de la única felicidad auténtica que he sentido jamás y la usaba, como siempre, para algo que no hacía nadie más, porque todos los niños y sus irrompibles huesos construían castillos de arena, y yo, cavaba fosas profundas para ver si encontraba la entrada al corazón de la Tierra, o aún mejor, al del mar. 
Mi vida no ha cambiado desde entonces. 
No quiero decir que siempre voy contra la corriente porque eso no es verdad, a mí me gusta la normalidad hasta el punto que sea necesaria, porque entonces llega la noche y todas mis murallas convencionales se derrumban, la luna ejerce fuerzas sobre mí que sólo yo entiendo, compartimos el nombre y las confidencias con el mar. Sin embargo, yo continúo ahí, cavando fosas, intentando descubrir todo lo que me aterra y me enloquece, pues es lo único que merece ser descubierto, y el mundo sigue girando y todos los demás niños se alargan verticalmente, sus sueños los siguen, e incluso algunos siguen intactos. 
Y yo solamente me hundo. 
Alguna vez pude ser distinta, como por cuatro segundos; alguna vez creí que era una mujer libre: un alma sin miedo, y durante esos instantes de gloria, la vida me dio la única experiencia que fue completamente perfecta: conocerte. Aunque después me apagase la luz y me moliese a golpes con total intención de matarme. 
Cuando yo te conocí sentí ganas de reescribir mi historia, siendo que yo nunca reescribo nada, le prendí fuego a mi pasado y me alejé de todas las conexiones con mi presente porque creía fervientemente que jamás iba a volver a sufrir, que incluso cuando el infierno se había mudado a mi casa, tan solo tu recuerdo bastaba para hacerme resistente: tú me hacías indestructible. 
Juntos construímos cuantos castillos de arena pudimos, cuando nos sobraba el tiempo después de tanto reír, juntos hicimos que cualquier arrebato valiera la pena y que todas y cada una de las estrellas se sintieran celosas y humilladas por ese fuego que crecía y consumía todo, pero no como el del infierno, sino como el de los volcanes: para hacer todo renacer más fuerte. 
Hoy, la llama sigue viva y con la misma fuerza, sólo que soplando hacia una sola dirección.Y la única que se siente celosa y humillada soy yo.
He vuelto a cavar fosas porque perdí mi magia, perdí mis cuatro segundos de libertad, perdí lo que me hacía ser alguien que desatara fuerzas volcánicas; ya no busco desenterrar nada del fondo del mar, tan solo estoy ahí para enterrarme a mí misma. 
Yo creo que tú tienes caramelo en la mirada y veneno en los labios, yo creo que tienes el alma suave y transparente como el agua pero la mente fría y exacerbada como la mismísima locura; pero si algo me han enseñado todos estos años es que tus manos son sanadoras tanto como son dagas sosteniendo mi corazón. Y aquí está el problema más grande de todos, o mejor dicho, el que provoca todos los demás.
Siempre que quiero sujetar tu mano y lanzarme al agua embravecida con los ojos cerrados en nombre de todo lo que siento, se me resbala, y me hundo sola en la oscuridad sintiéndome como algo que acabases de escupir después de haberle quitado toda esperanza de servir para algo, pero siempre nado y llego a la orilla, con las manos y las rodillas llenas de sangre por todas las veces que he caído hasta lo más bajo, y con los pulmones llenos de agua por todo el tiempo que estuve esperando a que fueras a salvarme.
Pero, ¿qué quieres? La mandíbula más fuerte de la naturaleza no es la de la hiena, es la mía. 
Soy la mujer que aguarda, la mujer que persevera, la mujer que se destruye pero no se diluye. A mí nada me doblega, y mucho menos cuando se trata de la única cosa más mortal que mi miseria, la única cosa más fuerte que yo, el único sentimiento que me transforma. 
No es un sentimiento nacido de raquíticas excusas, nimiedades con horrendas caras y palabras lascivas, porque esa ira no desgarra mi corazón tanto como saber que podría no volver a estar contigo, no volver a ver llover desde el piso más alto de nuestro edificio favorito, no volver a dormir sobre tu pecho, no volver a besar tus labios, no volver a sentir tu abrazo que, después de todo este tiempo, se sigue sintiendo exactamente como cuando mi ser se completa. 
¿Qué otros lugares ves tú con esos ojos?, ¿qué otra piel tocas con esas manos?, ¿qué bocas besas con esos labios?... ¿qué haces con la parte faltante de mi alma? Y entonces vuelve a llover y estoy sola queriendo que toda la arena de la fosa me caiga encima y me asfixie para no volver a pensar en eso, porque al final, no es la respuesta lo que me atormenta, es el hecho de tener que suponer que todo lo que yo sentí, tú tal vez no lo sentiste nunca, que nada de esto existió para ti. Sentir que siempre estuve sola. 
Pero no es ése el sentimiento que me da la fuerza para escalar de regreso y arriesgar todo en mi vida para volver a estar contigo: es el amor. Por muy horroroso, masoquista y trillado, así es el amor. 
Todo esto tú ya lo sabes, me he empeñado en hacer que no lo olvides, y la persistencia, como ves, ha sido la causa de que todo esto siga vivo y también, lo acepto, de que muchas veces haya estado a punto de morirse. Lo que tú no sabes hasta ahora es que lo que yo más amo de ti es tu libertad. 
Al contrario de todo lo que soy yo, tú eres un ser libre, auténtico, indefinible, inencasillable, sin temor a esto o aquello, sin remordimientos. Sin ninguna, ni la más mínima, ni la más insignificante intención de complacer a nadie más que a ti mismo. Tú tienes lo que yo más quisiera tener y por eso amo cada segundo que estoy contigo, aunque esa misma convicción sea la que me tiene escribiendo sobre lo que más me hiere en estas alturas de mi vida. Lo que quiero decir, realmente, es que no quisiera que perdieras la más brillante de tus virtudes a causa y consecuencia de la más brillante de las mías, terminaríamos perdiendo los dos. 
Yo amo tus inquietudes, tus incongruencias, tus barbarismos, tus delitos hacia la gramática y la ortografía, también amo tus canciones, tu risa, tus pensamientos sobre el país, tus bromas inventadas, la manera en que hablas de la música y la filosofía, amo tus sueños y también todas tus dudas sobre la vida; amo y comparto tu nostalgia por el pasado, amo que cambies de proyecto de vida cada quince días, amo tus películas sin trama, amo la manera en que cambias los tonos de voz de acuerdo al contexto, amo tu falta de concentración, amo que no puedas leer en voz alta, amo todas tus peculiaridades y tus lagunas mentales, y te amaré cada segundo que esté con vida.
Yo no sé qué es lo que pasa y mucho menos qué es lo que va a pasar, tampoco sé qué hacer ni cómo empezar a hacerlo, sólo sé que nunca ha habido ni habrá nadie a quien yo ame de esta forma en mi vida; por ese cielo que se cierne sobre nuestras cabezas, por todo eso que adoramos tú y yo, ni aunque todo mi ser mezquino se derramase sobre las sillas, ni aunque pasaran ochenta años, o mil, nadie en el mundo te puede amar de esta manera.

Y toda persona que se atreve a pensarlo y a decirlo, no hace más que seguirse revolcando en su mentira.


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