viernes, 26 de junio de 2026

Pride

Tardé en reconocer las señales, tardé demasiado. Ojalá hubiera podido entender que siempre estuvieron ahí, mirándome desde lejos en cada escalada y descenso a la locura. 

Cuando era niña, me obsesionaba la forma de mujer: las clavículas, las comisuras de la boca, el arco de cupido, los cuellos, el cabello largo y luminoso, la piel suave y perfumada, las mejillas rosadas, los pies pequeñitos, las manos delicadas, pero la cintura me enloquecía. Necesitaba sentirla, su forma de empuñadura me parecía lógica. Tenía una muñeca de mi tamaño que me proveía de esa experiencia todos los días. El comercial decía "tu mejor amiga" pero yo pensaba "mi novia" un instante, y luego me arrepentía, o me reprendía. 

Había una instancia monstruosa dentro de mi memoria -el recuerdo más viejo que tengo- que me hacía pensar que ese impulso era impío y terrible. Mucho después comprendí, gracias al libro de Emerson Whitney, que el abuso viene por la diferencia y no la diferencia por el abuso. Los sentimientos hacia las mujeres habían nacido conmigo, nadie los puso ahí, simplemente se habían aprovechado de ellos como de  cualquier circunstancia inherente a los niños que (por razones que no entiendo) algunos adultos sienten urgencia por arruinar para siempre. 

Hasta que me atreví.

Amar a una mujer se sintió como todas las tardes bailando con mi muñeca, tomándola de la mano y abrazando su cintura para girar y girar, una y otra vez. Amar a una mujer se sintió como dejar que el primer chispazo de amor que sentí en la vida me quemara por completo. 

Pasé treinta años tratando de apagar esa llama, ignorándola y desafiándola con amores mediocres helándome el corazón. Un día me quise arrodillar ante Dios para pedirle una respuesta sin saber que me había puesto señales en todos los caminos. Para mí, todos los hombres tienen la misma cara, el mismo olor, la misma alma: triste, gris, violenta y ordinaria. Los que no me daban miedo, me daban pereza. Nunca conocí uno que me hiciera reír más que mis amigas, uno que me amara mejor que ellas o que me hiciera delirar en sueños como ellas. Olvidé todos sus rostros y, de algunos, hasta sus nombres pero podría todavía dibujar la cara de la primera mujer que amé, a menos de cinco años de nacer. 

Cualquiera podría pensar "qué tonta, ahí estaba todo" pero, tampoco he conocido muchas mujeres heterosexuales que disfruten a los hombres más allá de una experiencia idealizada, engendrada del desconocimiento y la ilusión. O el amor romántico, quizá. Existe tan poco deseo, orgasmo, conexión y genuino interés mutuo dentro de la heteronorma que durante años pensé que el poco entusiasmo que sentía por los hombres en mi vida era lo esperado. Y también que iba a pasar toda mi vida así. 

Sin embargo, llegar a estas conclusiones no fue un proceso sencillo. Amar a una mujer es ser muchas veces víctima y victimaria, cazadora y objeto del deseo. Días y noches de un tren de pensamiento imparable y de la terrible sensación de que todo es tan frágil e inflamable que es necesario irse siempre hasta el fondo de todos los asuntos, y un corazón como el mío no puede soportar ese ritmo. O al menos eso creí. 

A veces me consume la ansiedad porque creo que no sé amar como se debe, porque sólo conocí la obsesión mientras duraba el periodo tan corto de atención que tienen los hombres y la soledad. La cultura pop y la literatura me criaron así, pero también me crió una familia que jamás me habría mirado y pensado en la palabra lesbiana, ni se imaginarían que pasarían las fiestas con una pareja homosexual que evita estar cerca para que nadie les cuestione nada con la mirada. 

Quienes me enseñaron a amar fueron personajes que simplemente revoloteaban alrededor de los hombres, dándoles la llave para que entraran a su vida y la destruyeran. Me enseñaron a decir que eran atractivos, graciosos e inteligentes, aunque realmente no lo pensara. Me enseñaron a entregarme a ellos porque amar así es mejor que no sentir nada. Y no niego que me enamoré de los castillos de arena en mi cabeza y de la imagen con construí de aquellos con los que me involucré porque buscaba en ellos la sensación de seguridad que perdí para siempre el día que se murió mi padre, aunque hacerlo me costara el verdadero amor que todavía no conocía pero que, desde entonces, necesitaba con un hambre frenética. 

Lo que sucede con el cuerpo cuando bebe hasta saciarse de algo que ha deseado por tanto tiempo es que cae en un estupor profundo que, en mi caso, me provocó alucinaciones, pesadillas, ataques de pánico y más lágrimas de las que había podido derramar en casi diez años. Llegué a creer que era mejor morirme que hablar acerca de lo que había pasado; que era mejor ahogarme en tantos sentimientos putrefactos que mostrarme como la farsante que toda la vida había sido. 

Tuve que pedir ayuda profesional antes de dejarme perder el juicio. Tuve que poner todo en una balanza. Siempre ha habido mucho qué juzgar sobre mí: depresión crónica, ansiedad, duelo patológico, neurodivergencia, trastorno de conducta alimentaria y la implacable certeza de que, al final, todo me sale bien. Entonces, lo decidí, valía la pena ser traidora a la heteronorma, encarar a todas y cada una de las personas que amo y decir que, una vez más, había elegido la diferencia. 

No me importaba ya si pensaban que era una mentirosa o una caprichosa que solamente quisiera llamar la atención, no me importaba si todas me daban la espalda o, incluso, si era incapaz de encontrar el amor. Tenía que decir la verdad para salvar mi vida, aunque convirtiera esa vida en una lucha constante contra las miradas indiscretas, los ocasionales gritos ahogados y los comentarios venidos directamente del siglo antepasado. Creo que vale la pena. Nunca había sido tan feliz ni tan estable como ahora. Al final, como siempre se lo digo a mi padre cuando miro al cielo, el amor es siempre más (mucho más) poderoso que la muerte.  


 

lunes, 9 de junio de 2025

daylight

No creo que estar enamorada de ti haya resuelto ninguno de mis problemas pero sí los ha aligerado tanto que mis piernas han dejado de pesar y mi estómago ya no se retuerce dentro de mis entrañas, ahora todos mis problemas (mi cuerpo y yo) flotamos en un letargo mágico hasta volver a verte. Y la verdad es que  siempre quiero volver a verte, aunque a ciegas pueda dibujar tu cara. 

Nunca lo hubiera podido imaginar. Estar viva y ser una experiencia física siempre ha sido lo más complicado para mí, porque en este sentir a flor de piel todo me duele, y todo me cansa. Sin embargo, no me canso de sentirte, ni de escucharte, ni de pensar en ti: en tu voz, en tus besos, en tu mirada, porque ¿no es todo de ti un poema de la más refinada hechura?, ¿no eres tú ese sueño que jamás de merecí cumplir y al que, sin embargo, tengo el honor de vivir todos los días?

No me importa si es hoy o es para siempre. Llegaste y estás aquí, derramando sobre mí toda la paz que no conocía, toda la serenidad con la que no nací, y detuviste el ruido del mundo hasta convertirlo en brisa sobre mi piel que resplandece al sólo pensar en ti, y eso jamás te lo voy a poder agradecer lo suficiente, sin embargo lo voy a intentar con todo el corazón que se desboca al escuchar tu nombre, y con toda la sangre que él pueda verter dentro de mí. 

lunes, 17 de marzo de 2025

Don’t look

 11.03.25

Nos vimos en el espejo y nunca vimos el fondo, un segundo después no pudimos recordar un ápice de nuestro rostro, ni la textura de nuestra piel, mucho menos el color de nuestros ojos. Siempre he regado las culpas a mi alrededor hasta que hoy me quedé sola con toda el agua estancada, anegada, podrida como yo, como ese reflejo que ya no recuerdo pero del que tampoco me puedo librar. 

Nos vimos al espejo el abismo y yo, pero no encontramos más que el consuelo rápido de una juventud que retrocede unos centímetros cada día, como una presa en la sequía más aguda de toda la historia. No tengo nada dentro de mis manos, ni del pecho, y ya casi nada en la cabeza. Me estoy volviendo un desperdicio de recursos para mí misma y para todos los que me conocen porque ya no puedo devolver un saludo sincero, ni siquiera una mirada interesada. 

Mi mente, por otro lado, está adiestrada para cumplir mínimamente con horarios, visitas y actividades sin excelencia de ninguna índole, incluso fallando hasta cierto grado, pero siempre interactuando y respondiendo. Por eso nadie ve el fatal vacío a quien tengo que retar todos los días: poniéndole obstáculos, robándole la energía, para evitar que se acerque más y me mate. 

Sin embargo, el vacío y yo nos vimos al espejo y encontramos esos ojos cuyo color parece uno y luego otro al atrapar un rayo de sol, y que son nuestro único portal de comunicación. Yo dejo escapar al vacío por esos ojos a veces, y otras, solita escapa, pero jamás en forma tal que podamos preocupar a nadie o perturbar la estabilidad aparente que mis horarios y restricciones sostienen a duras penas.

El vacío y yo nos vimos otra vez hoy pero ninguna hizo nada por intentar recordar el rostro de la otra. Ambas sabemos que un día la voy a dejar ganar y no va a importar cómo nos veíamos: si éramos bellas, delgadas y tristes, o si fuimos dos o tres veces felices, redondas y rojas como jamones. No importará porque estaremos muertas y, al fin, en paz; rodeadas de flores y no de prisas, sin sentir el ardor de la angustia que provoca ser miradas, conocidas o queridas por otros. Sin nadie que recuerde nuestro nombre, como nosotras no podemos recordar nuestra cara todos los días. 

Mother war

 21.11.24

Desde que tengo memoria, siento una guerra dentro de mí. De un lado tengo el desdén como bandera, el egoísmo y la traición; del otro lado asoma la legión de la nostalgia, siempre en frenesí, con hambre y desesperación. Odio que mi vida oscile siempre entre un lado y otro, y detesto aún más darle a la gente el poder para activar el estado marcial.

A veces quisiera abrasar en fuego a esas dos naciones hasta que no quedara nada pero, como lo dijo sabiamente mi yo de dieciocho años, ninguno de mis rituales suicidas funciona. Quisiera, en otras (pocas) ocasiones, tener el valor de reinventarme por completo y sanar aunque fuera en otro lugar y en otro contexto. Sólo quisiera callar esas voces dentro de mi alma, ahogarlas o apaciguarlas, lo que suceda primero.

Al final, matarme de hambre sólo surte efecto un par de días, todas las sustancias venenosas están en un cajón junto a mi cama, el borde del puente cada vez parece menos alto y la perspectiva, cada día, es más amplia y más desoladora. ¿Quién soy si no me quiero morir todos los días?, ¿qué hago si no me estoy haciendo daño?, ¿por qué hacer las cosas bien se siente tan mal? 

No pude controlar mis adicciones y las corté de tajo, funcionó pero ahora me quedé sin historias qué contar. En mis sueños veo al diablo velando mi cuerpo paralizado sobre mi cama de infancia, y me duele, me quema como si pudiera sentir las llamas del infierno en el que no creo y al que, de cualquier forma, estoy condenada.

Tal vez no sea un sueño, tal vez realmente me quedé ahí desde hace años y nadie lo ha notado todavía: mis órganos están fritos y mi piel calcinada, todo huele a pelo chamuscado bajo la sombra del árbol que mataron para que la casa pudiera crecer antes de ser abandonada.

El fuego inició ahí y puso a mis naciones en contra, no puedo elegir, sólo puedo pasar seis meses del año en cada lado y soñar con fuego y con casas a las que no podré nunca volver a entrar. 

martes, 17 de septiembre de 2024

So high school…

 

Me había preguntado muchas veces si alguna vez escribiría para ti aquí y resulta que sucedió más pronto de lo que imaginaba. Supongo que es porque nada de lo que diga te importa ya lo suficiente para usarlo en mi contra.

Mucho más allá de la innegable, irrefutable e insoportable idea de que yo solita maté lo nuestro a puño limpio, me atrevo a cuestionarme las razones y están ahí, detrás de todo el dolor, el remordimiento y franca desolación que has dejado tras de ti. Y son razones pesadas, como cuerpos desmembrados que he tratado desaparecer pero me acosan y me despiertan todas las noches, de golpe, cuando te veo en mis sueños.

La principal ya la conoces: el miedo a reconocerme como realmente soy frente a gente a la que no le importo, pero que igual me haría difícil la vida si me acercara a mostrar la verdad. Fui cobarde, mucho. Me arrepiento, lo sabes, preferiría tenerte aunque el mundo entero me diera la espalda en este momento.

Las demás razones vienen desde muchos lados, como riachuelos pequeños formando una corriente mortal. 

La primera es la distancia, física y química: que para mí ya nunca va a ser divertido un lugar para bailar, ni mucho ruido, ni mucha gente, ni textear como principal medio de comunicación. Que jamás he escrito una sola carta de amor decente ni tengo idea de cómo hacen algunas manualidades los de tu generación. Que nunca me pediste que te enseñara lo que estaba escribiendo, que jamás tuviste la menor curiosidad sobre el lugar de donde vengo o qué me hizo la ciudad que no le puedo perdonar.

Fantaseaba con vivir contigo como una utopía, como nuestro mundo. Sin nuestras familias ni nuestras ocupaciones. Sin nuestras edades, sin mis incapacidades. Y aunque sabía que no iba a ser así, y lo sigo sabiendo, no existe nada que deseé más en este momento. Pero entonces llegaba y te veía, con tus ojos centelleantes y tu olor a rosas y agua limpia, y nada más importaba. Solamente éramos tú y yo, hasta que no decías nada y sólo sonreías, y yo no podía callarme por temor a que el silencio se devorara mi fantasía.

Perdóname por no ser más joven y querer que tuviéramos más que anhelos y trends de tiktok. Perdóname por presionarte para hacer algo al respecto, de la peor de las maneras. Perdóname si mi anhelo se convirtió en una crisis que te catapultó a los brazos de alguien más, aunque pareciera que murieras por estar con ella desde hace mucho. Perdóname si mi amor es volátil y casi nunca te dejé verlo de la manera en que tú querías por tratar de forzarte a sentirte o actuar igual que yo. 

Lo único que podemos comprobar de todo lo que alguna vez se dijo es que mi amor, que trataba de ser pensado, organizado, sólido y no virtual, al final terminó siendo el único. El tuyo se acabó tan rápido como empezó, el tuyo lo maté yo con mis esperanzas de que un día fueras tú quien planeara una cita, tú me acompañaras a mi casa, tú me preguntaras qué me dolía. Tu amor quizá sólo quería salir en fotos porque no existía. 

No te culpo. Si yo fuera tú, tampoco me querría. 

Deseo que toda la felicidad y la paz que no te di tratando de encontrar el momento adecuado, la estés sintiendo ahora y la sientas siempre. Que todo el amor que llegue a ti sea justo como tú lo quieres, realidad o fantasía, pero solamente tuyo, como mi corazón que al final, una vez más, no es suficiente.

Gracias por no dejarme hacerte más daño. Gracias por darme una ilusión y un dolor que pensé que jamás podría volver a sentir. Ojalá nunca tengas que acordarte de mí. 

jueves, 5 de octubre de 2023

The heartbreak prince

No podría encontrarte en toda esta negrura, aunque hubiera jurado que nadie en todo el mundo brilla más que tú. No puedo verte, no puedo tocarte, es como si solamente vivieras en mi mente; parece que te inventé, como si fueras un pedazo de mí pero digno y adorable, uno al que no se me permite acceder y amar porque mi cabeza sometió a mi corazón por primera vez, desde que tengo memoria. 

Te miro como se ve a las estrellas, sólo a través de pantallas, o incluso, buscando solamente en los momentos más preciados de mi historia: una  calle oscura y una noche divina. Solamente una.

No me permito escribir para ti porque le he dado más de mil vueltas a este asunto y parece circular, siempre parece volver a empezar. Me gustaría tener el valor de decirte lo que siento pero es que es algo tan absurdo ya. Te miro y sé que sólo eres un sueño y aún así me aferro a la idea de un día poder tomarte de la mano y adorarte sin freno alguno porque todo lo que yo he dicho sobre ti es verdad. Y me siento estúpida, como si no me hubiera tomado treinta años aprender que todo el amor que yo puedo sentir jamás ha podido interesar a nadie. A nadie a quien yo ame, al menos.

Desgraciadamente, esto soy, esta persona incapaz de aceptar ese no que me diste hace ya casi ocho meses. Lo siento, lo siento tanto, pero aunque haya tratado con todas mis fuerzas durante tanto tiempo, no puedo dejar de ser yo. Quizá la madurez de todos mis años sea solamente el miedo que tengo a decirlo pero jamás dejaré de sentir, aunque me cueste perderte. Lo único que supe desde el primer momento fue que no iba a durar y ahora también sé que si te vas no puede dolerme más que amarte tanto desde tan lejos.

Lo siento, algo que también siempre supe es que iba a ser yo quien lo iba a arruinar. 

The bridge of dreams

 

21/03/23


Ya no podría decir de nuevo que me duele el momento de sentirme desechable, ni el concreto, ni la lluvia, ni los terrores nocturnos. Ya todo esto lo he vivido más veces de lo que soy capaz de admitir: la noche y el puente. El puente, el puente, el puente. Y la noche. 

No sé por qué me encuentro aquí de nuevo, tratando de hallar respuestas, tratando de saber razones que siempre busco en el mismo lugar; ya sé qué es y ya lo había aceptado, ¿por qué diablos no puedo volver a tomar todo y tragármelo como siempre he hecho? Si ya sé que no queda ruta, que no hay nadie ni nada hacia dónde ir, y todos estos lugares ya los vi; ya sé que me escondo de mí misma dentro de mí misma una y otra vez, como si las capas de carne y grasa escondieran algo que haya olvidado ahí que quizá valiera la pena aunque todo a mi alrededor grite que no es así. Yo lo sé, todos lo saben, ¿para qué sigo aquí? 

La madrugada me ha envuelto todo este tiempo (casi un año y tres meses desde la última vez) dentro de su bruma falsa para evitar que vea que literalmente ya no tengo nada más aquí, soy solamente yo luchando todos los días contra la idea de saltar del puente y estrellar mi cabeza testaruda y desechable contra ese concreto, bajo esa lluvia, para librar a esta tierra de este terror; para librar a esta tierra de mí.

No podría decirlo de otra forma pero lo sé, y sé que todos lo saben: sé que lo han visto. Sé que la falla soy yo y no quienes me vieron y no me vieron; quienes vinieron y se fueron; quienes se desengañaron de mí o quienes me engañaron a mí. Aquí la falla está en mi cabeza todos los días, en esa voz que me lo repite siempre: nada de lo bueno, nada de lo duradero es para mí porque no nació conmigo. Nadie me lo quitó, nadie me lo negó, simplemente es así. 

He buscado pruebas y las he encontrado, por eso salgo corriendo todos los días a buscar quién o qué puede callar las voces un rato; o, si tuviera muchísima suerte, quién me quite el maleficio con el que nací. No existe y no lo merecería si existiera, pues nadie debe cargar jamás con un peso así: el de mi amor irracional y desastroso, el de mi cuerpo hinchado y asqueroso, o el de mi cabeza desechable y compostable, que solamente sabe pensar en el final. 

Pienso en el final y el puente todos los días. Todos los días pienso en el puente y el final. 

lunes, 31 de julio de 2023

my temple, my mural, my sky

La sangre se arremolina debajo de mi piel, como si fuera un maremoto, con tan sólo recordarte. Si te tuviera de frente, no tendría nada qué decir, o al menos no después de todo el tiempo y lo que me he esforzado por ocultar lo que siento. Ni mis ojos, ni mi rostro me traicionarían para contarte todas las noches que he soñado contigo, todas las horas de sol y luna que he visto pasar pensando en ti. No necesitas saber lo mucho que me he ilusionado con todo esto como si tuviera sustancia, como si fuera real, pues al final de todo se sabe que yo soy la persona que construye dibujos de pesadillas en hojas de papel, la que solamente se arma de palabras para enfrentar el mundo todos los días; como quien vende castillos de aire, tal cual. 

No es sorpresa, tampoco, muchas veces ha escapado de mi ansiedad decirte lo feliz que soy solamente con esta idea, con la pequeña esperanza de que algún día tú te fijaras en mí de verdad: así, como soy yo realmente y no como me gustaría ser; pero lo que soy está plagado de heridas, maldiciones y tormentos. Probablemente sea mejor seguir así, ser dos ilusiones tocándose a lo lejos, como en los cuentos que amo leer, como en las leyendas que nos compartimos. Yo esbozo lo que eres tú con lo poco que me dejas ver y con lo mucho que yo te creo, quizá sólo así nunca nos hagamos daño... y de pronto creo que este mar infinitamente desolado, frío y profundo que llevo dentro no puede estar más tiempo contenido. Tanto amor merece ser sentido, este nombre merece ser cantado, estos labios merecen ser besados y estoy cansada de pelear todos los días por demostrarlo. 

Ya no quiero sentir cómo me pudro, cómo pasan los años enfriando este cuerpo sin que sea tocado y ni siquiera deseado, estoy cansada de alimentarme de ilusiones porque no nutren y me dan náuseas. Ya no quiero matarme de hambre para entrar en un molde que desde hace años me queda muy pequeño. No sé si tú seas la luz que me salve de la penumbra pero lo dudo si tengo el encendedor en las manos. No sé por qué por fuerza quiero que seas tú mi todo cuando fácilmente puedo serlo yo. Y te lo juro por mi vida, por todo lo que tengo o por lo que ya no tengo (que es aún más valioso) que te quiero y que quiero que seas tú quien me quiera pero no sé si haya otro espacio aquí para sentarme esperando un milagro.

Sé bien que si hay un culpable de todo esto soy yo misma, mi naturaleza hostil y mi cabeza demasiado ahogada en el pasado y el absurdo; fui yo quien se empeñó en ser inquerible, insoportable o qué sé yo, y sin embargo estoy segura que ya pagué la condena estando aquí treinta años sobreviviendo de migajas de quienes no estaban seguros, quienes no estaban listos o quienes encontraron algo mejor y se fueron. Si te tuviera frente a mí jamás podría preguntarte a cuál de esos grupos perteneces... principalmente porque creo que sé la respuesta. 

Por una parte es un alivio, sé bien que estarás mucho mejor sin mí, todo el mundo parece hallar su felicidad a lo lejos. La felicidad y la esperanza no envejecen bien aquí. Gracias por todas las hogueras que encendiste dentro de mí, gracias por ser mi gran y último amor y mi más grande sueño. Perdóname por no saber cómo inspirar en ti algo así. 

Adoro todo lo que construí alrededor de ti y quizás algún día te reconozcas en uno de mis textos como el príncipe que le devolvió la pureza y la inocencia a la mar en su momento más pútrido y gris; porque eso eres para mí, un lujo que jamás podría costear, una luz pura y divina que espero con toda mi alma, jamás dejes que se consuma. 

viernes, 9 de junio de 2023

Hope is a dangerous thing for a woman like me to have

Quisiera romper la campana de cristal, quisiera dejar de ahogarme en mi aire rancio al menos un día sin cruzar la línea entre el hartazgo y el impulso suicida pero parece que no tengo opción. Dicen que no debería llamar funcionalidad a esta culpa que me drena la energía si no hago lo que me pagan por hacer o lo que me comprometí a hacer en un buen día. Dicen que tampoco debería sudar tanto o sufrir tanto haciendo cosas que se supone que disfruto; cosas que yo misma busqué o agendé pero, ¿quién si no yo podría cargar con esto? Parece que luchar y pelear es todo lo que he nacido para hacer, y hay días, meses, en los que creo que ya no puedo.

Me siento como cuando era niña y nadaba con todas mis fuerzas esperando el momento de salir, bañarme y comer chocolate, aunque mi madre se enojara porque entonces nada de ese esfuerzo había valido la pena. Sólo que ahora la alberca es mi vida y mi madre sigue siendo mi madre.

Si bien es cierto que sacrificio y entrega pudieran tener un significado positivo, cuando se trata de mí, pesan como condenas. Quisiera tener el valor que tienen otras personas en mi condición (poseedoras de cerebros distintos) para quedarse todo el día en cama sin mover un pelo; quisiera poder encerrarme en mí misma frente a todos, sin miedo a esa voz (mi voz) que me dice que ni para dejar de servir, sirvo.

Lo siento, prometí dejar de tratarme a mí misma con desdén pero al parecer, como siempre, no lo estoy intentando lo suficiente.

Esto es un carnaval de culpas, lo ha sido desde mi creación y lo será hasta mi sepulcro, y aunque reconozco que he mejorado, que he cubierto mis bases para no volver a caer en el abismo del que tanta sangre y dolor me costó salir, quisiera saber por qué ese abismo me mira desde lo profundo y me sonríe como si supiera que terminaré sumergida en él, como si fuéramos de esos amantes que han hecho todo lo humanamente posible para alejarse (herirse, acusarse, insultarse, amenazarse) e igual se besan en sueños, como si su amor fuera más una terrible maldición. Y ya no quiero ser sólo eso: una pieza más en un juego donde siempre pierdo yo. 

Como todo el mundo, quiero ganar, no quiero sentir que voy contra la corriente. Quiero que el descanso no me sepa a locura o cobardía, quiero un solo día libre de culpa, lleno de tranquilidad y amor. Quiero que alguien, aunque sea en un mundo alterno, encienda una vela por mí; que alguien suspire diciendo mi nombre, que alguien haga algo por verme sonreír; que no sólo sienta mi peso caer sobre el suelo, que alguien, por una vez, esté ahí para mí. Quiero creer que pasará y que me lo merezco, aunque no sea cierto.

Sin embargo, y aunque las ilusiones me llenan de vida, sé que nada haría realidad el sueño más estúpido que tuve, la meta más escueta que este mundo y su arte plantaron dentro de mí. No hay cantidad de esfuerzo, amor, dinero, tiempo o sufrimiento que yo pueda entregar a alguien para hacer que se quede, ni siquiera para hacer que me escoja; pudiera sonar como exageración o desesperación si esta idea no hubiera sido ya tan estudiada y comprobada, no por ello menos dolorosa. 

¿Cuál será la verdadera razón de que alguien como yo esté aquí sin poder ser feliz y sin poder ser amada? 

domingo, 30 de abril de 2023

Sobre la niña con el vestido de estrellas


Construí un refugio, un santuario, un anfiteatro de leyendas sobre mí misma e imágenes de todo lo que fui. Me levanté de entre los muertos y me limpié la lástima por mi vida.

Había querido decir que ahí estaba una niña a la que nadie cuidó pero la verdad es que nadie sabía cómo y, de cualquier modo, aquí estoy yo para responder por ella: por todas las veces que desollé mis manos, marqué mi cuerpo y dejé de comer; por todas las drogas que ingerí, el alcohol en el que me ahogué; por todas las veces en las que lloré en un puente esperando juntar el valor para aventarme y no lo logré. Aquí estoy yo para pagar por cada corazón que rompí, por cada mentira dicha o cada golpe dado a quienes menos lo merecían en el nombre de todo lo que hoy sé que no hubiera podido enfrentar de otra forma. 

Quiero tomar entre mis brazos a esa niña que le rogaba a dios porque le quitara el maleficio de la indecencia, y decirle que jamás debió sentir vergüenza por quién era y que no interesa si nadie nunca la entiende o nadie la quiere, porque para eso estoy yo.

Quiero decirle que sé por qué terminó perdiéndose en los caminos más oscuros, que valido todos sus miedos: la soledad, la locura y la ruina, porque fui yo quien la hizo pasar por cada centímetro del infierno y también soy yo la única que está aquí para ayudarla a volver. Su única amiga, su verdadero amor. 

Nadie nos va a volver a abandonar, nadie va a volver a destrozar todo con su partida o amenazarnos con la soledad. Yo no puedo arreglar lo que alguien deshizo en esa niña pero sí asegurarle que los malos ya no pasan, que aunque me haya tomado casi treinta años lograrlo, jamás volveremos a llorar por quienes nos odian, nos traicionan o nos dejan, y mucho menos volveré a ser yo la primera en hacerlo; no seré yo quien ningunee, traicione o hiera a esa niña que sigo siendo yo. Nunca más. Ahora sé que sobreviví para defenderla de todo y de todos. Juntas hasta el final.

lunes, 15 de febrero de 2021

Peter losing Wendy.

Yo soy fuerte, me quemo y ardo en las alturas de la oscuridad creciente; a veces fragmentada y ocre, a veces enorme y plateada, como la luna de la que llevo el nombre. Yo soy fuerte, lo sabes, como en mi canción preferida, como la sangre de mi sangre. Yo soy fuerte, creo que sabes, mucho más fuerte que tú. 

Hemos querido fingir que me puedes hacer a tu antojo, hemos querido creer que me tienes a tu merced porque sabemos que el día que yo te traiga un espejo y te lo ponga enfrente, serás tú quien no podrá sostener la mirada. Sé que te gusta pensar en cuánto me has dado a mí pero sabes bien que no es lo que me merezco, y no porque sea una santa sino porque soy quien te ayudó a sostenerte enmedio de la tormenta cuando no tenías nada; te di mi mano cuando todos te dieron la espalda.

Te entregué el amor verdadero en una charola de oro y me lo tiraste en la cara. 

No sé si haya llegado el día en el que volví a mí misma escupiendo sangre, no sé si he llegado contigo armada con la verdad para finalmente cernirla sobre tu pecho, sólo sé que soy fuerte y que tú no me vas a quitar una sola noche más de sueño, un peso más de mi trabajo, ni una lágrima más saldrá de mi alma con tu nombre.  

Claramente, será muy difícil, me va doler hasta desear la muerte, pero ya sé que no me voy a morir aunque lo intente. Sé que tengo que continuar y dejar de pensar que lo que sientes es un amor que no acepto porque no comprendo, prefiero privarme de amores si me van a abandonar a la luz de un enojo o al mirar otros cuerpos o escuchar otra voz. Privarme de amores cobardes por una vez sería el mejor cambio que podría hacerle a mi vida. 

Quiero librarme de ti de una vez y para siempre, quiero olvidar poco a poco todo lo que no he podido sanar, quiero que los malos ya no entren. Felicidades, ganaste tu juego.


viernes, 11 de diciembre de 2020

The patron saint of switchblade fights

En el silencio y la quietud germina un monstruo, cuando está lo suficientemente grande, se abre paso dentro de mi pecho. 

He aprendido que trepa por mi garganta y hace temblar mi corazón cuando se acerca... algo; ya no podría llamarlo dolor porque ahora este monstruo, mi monstruo, me protege. Tampoco puedo llamarlo ansiedad, ira, ni celos y mucho menos la envidia de la que tanto quiero escribir pero cuyas raíces ya no son más que hilos quebradizos dentro de mí; sólo puedo nombrarlo como algo que al fin tengo bajo control.

No existe nada aquí (ni allá) capaz de detenerme, querré explotar contra los límites o batirme al duelo contra el sol pero ahí, en esa muerte envuelta en fuego, con cada pedazo de mí lloviendo sobre todo el universo, seré la persona que nunca se rindió.

Hay algo poético en querer pelear con las manos atadas, hay algo hermoso en aprisionarse y tragarse la llave frente a todos; mi monstruo no se esconde, se agazapa. Todos aquí serán testigos.

No me importa si más tarde vengo a quejarme de esta furia, que venga con el hocico quemado todas las veces que pueda, porque sé que aunque llore años y me condene a perpetuidad, jamás me arrepentiré de maniobrar mi dolor y convertirlo en entrega, explosión y delirio. 

Este amor obsesivo compulsivo que me repliega la sangre al pecho desde donde me controla, fue capaz de forjarme de nuevo desde las cenizas. Una y otra vez. No necesito otra prueba de que es real y tampoco voy a volver el rostro hacia quienes hacen malabares por quitarme algo (el sueño o al menos, la sonrisa), porque el monstruo no me lo permite. Eres demasiado grande, dice, tienes demasiado poder. 

Vemos pasar los minutos juntos y contamos nuestras bendiciones, jamás nos dimos cuenta de todo lo que teníamos mientras llorábamos por lo que nos falta. 

Repaso una y otra vez el nombre de mi madre y lo subrayo, dejé dentro de ella una parte de mi alma que nadie nunca podrá envolver con su envidia ni su mala intención, ni siquiera yo. Mido mi piel desde el principio hasta el final y agradezco que todos los intentos de terminar conmigo misma jamás rindieran frutos y pueda comenzar a mejorar, al menos no desde cero. 

Miro a mi gente y veo en sus ojos la ternura que le falta a los míos, el asombro y la lealtad que pensé que no me merecía, y los acojo dentro de mis brazos sin importar lo que venga, porque somos familia más que amigos o amantes. 

Leo mi armadura de papel y me regocijo de la fortuna, nada queda más que pedir. 

No hay en la existencia cuchillo más afilado que una mujer que se siente completa. Una mujer con un monstruo domesticado durmiendo en su corazón. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

3

Nadie sabe lo complicado que es ordenar estas letras en mi mente para que no parezcan lamentos, para que no llegue hasta tus oídos este cruel alarido, para que nadie en el mundo pueda notar cuánta sangre se derrama por mi piel, ni cuántas lágrimas faltan hasta que llegue mi muerte.

No me sirve de nada ir por ahí contando lo que me duele porque dentro del consciente colectivo o bien tú y yo ya estábamos muertos o quebrados muy en el fondo de manera espiritual, y sí, tal vez fue así siempre porque cometí muchas veces el error de estar ahí si me lo pedías, de regresar a pesar de los dolores y las pesadillas. 

Nunca voy a entender cómo poco a poco te quedaste con tantas partes de mí para que así de pronto me sintiera tan vacía sin ti; no sé pero tengo que lidiar con eso todos los días. 

Tú nunca sabrás la falta que me haces cuando tengo que enfrentarme a mi soledad, a mi mal carácter y a todos mis miedos, ni sabrás lo que yo sentía cada vez que escuchaba tu voz: cómo mi corazón se volvía loco y todos mis sentidos se fundían dentro de mi cuerpo. No tienes por qué enterarte de cuántas veces he querido salir a la calle corriendo a buscarte, a gritar tu nombre y pedirte que me regales un beso. No tienes por qué escuchar de todas las veces que te apareces en mis sueños diciendo que todavía me quieres, riéndote conmigo, viéndome a los ojos... de nada serviría que supieras cuánto lloro por ti y cuánto me cuesta creer que tanto tiempo y tanto amor ahora se hayan ido para siempre.

Sólo estoy segura de que siempre supiste cuánto de ti había dentro de mí, cuánta felicidad y cuánta vida. Siempre supiste que te amo más cada vez que te late el corazón y que nada ni nadie va a cambiar eso nunca, ni siquiera tú... y ése es el error más grande que pude haber cometido.

No sé por qué no he podido ser suficiente para ti, por qué todas las veces he tenido que ser esa sombra que te persigue por la vida amenazando todo lo que quieres de verdad, y créeme que he tratado de luchar contra eso y contra todo lo que te pueda molestar de mi manera de ser, y aún más, de mi forma de quererte, pero jamás conseguí que nada cambiara. 

Aunque quizá no jamás, porque dos veces vi algo en tus ojos que nadie puede quitarme: la primera noche que estuvimos juntos, nunca me he sentido tan deseada y tan hermosa como aquella vez; y la noche que me sostuviste como si fuera una niña, en tus piernas, me abrazaste y dijiste que me amabas... incluso ahora que de ese deseo y de ese amor ya no te queda nada. 

Ojalá no recordara siempre todo lo bueno que he sentido por ti, ojalá pudiera cerrarte todas las puertas como lo has hecho tú, como si yo me hubiera ido debiéndote algo. Ojalá de verdad pudiera odiarte como tengo tantas ganas y tantas razones para hacer, pero la 

realidad es que apenas me puedo sostener y obligarme a abrir los ojos y sacar fuerzas de no sé dónde para vivir así.

Todas las noches me repito que nunca vas a querer compartir nada conmigo que no sean momentos en donde no tengas algo mejor qué hacer, que nunca me has querido como yo te he rogado que me quieras, y que jamás vas a volver. Que me estás olvidando si no me has olvidado ya y que lo mejor que pude hacer fue dejar de molestarte de una buena vez. 

Pensar en eso me tranquiliza, me hace pensar que todo lo que siento (la rabia, la humillación, la soledad, el vacío y el muy estúpido e insistente dolor) vale por lo único bueno que he podido hacer por ti.

Yo sé que no sirve de nada decirte que te amo y que si no te entiendo es porque yo no soy como tú, yo no tengo personas haciendo fila ni luchando entre ellas por un pedacito de mi vida. 

No sirve de nada lo que tengo dentro del corazón, ni en la cabeza, ni en el alma porque tú eres todo lo que quiero, todo lo que he querido siempre desde la primera vez que te vi. Me quedé sin energía para luchar porque esa pelea estaba arreglada: tú no me vas a escoger, nunca voy a ganar nada. Me quedé sin el amor de mi vida, y hoy que lo acepté, al fin me quedé sin palabras. 

Nadie sabe por qué pero todo ha quedado en silencio.

domingo, 13 de septiembre de 2020

2

 A un mes del aniversario luctuoso de mi padre me eché sobre la espalda y pensé en toda la soledad, el dolor, la rabia que me desfiguran el alma y no me dejan dormir. 

Me han dicho que tengo que esperar y sanar pero desde ese día mi corazón se partió en dos y no ha dejado de sangrar, está en algún lugar explotando por años hasta que finalmente se detendrá: como todo el universo. Qué más quisiera que pasara esta noche. 

Pensé en todas las veces que le he pedido que venga y me lleve de una vez. ¿Por qué él tampoco me escucha?, ¿por qué tampoco responde? 


sábado, 12 de septiembre de 2020

1

 


Soy el día que no llegó, 

La noche que permanece.

Mi nombre se ahogó en el mar,

La lluvia lavó mis huellas,

El sol despintó mis colores.

Sólo tus ojos me ven

Y ya no existo

porque no lo hacen. 

sábado, 8 de agosto de 2020

Insidious

 

Existes dentro de mí, te quedaste atorado en mi tráquea y ahora vivimos juntos, tal como nunca quisiste y quizás un poco peor.

Llevo cuatro noches sin dormir, viendo la luna cruzando el cielo, dando vueltas en el colchón siguiéndola; desesperada porque estoy cansada pero simplemente ya no tengo paz desde que estás aquí, ahogándote en mi garganta y no en tu casa cantándome canciones o deseándome el mal.

No sé qué hacer para que te vayas, extendí mis brazos esperando lo que fuera que tuviera que pasar, porque ya había intentado todo para que me eligieras y te quedaras. Decidí no insistir más porque ya han pasado tres años y siempre me dejas sola, llorando en la oscuridad... y créeme, no tengo idea cómo, pero al fin estás aquí. 

Creo que fue por aquel último beso que no nos dimos, o por todas las palabras que no pude decir aunque lo intenté. Creo que fue así como te encerré dentro de mi pecho y todo lo que alguna vez supe y amé tanto de ti se quedó dentro de mí.

No sé cómo dejarte ir si ya te estás volviendo parte del sistema: un montón de carne grasienta, crujientes articulaciones, cabello incipiente y tú, como un eco de quien fui cuando conocía la felicidad y sabía dormir, a pesar de todo. 

No sé cómo vivir ya sin este apéndice pesado y grueso de mis recuerdos contigo... no hay afuera quien lo extirpe y quizá, si existes aquí dentro este amor por ti morirá conmigo, nunca más se manchará de decepción si lo tengo aquí. Nadie podrá quitármelo, ni dañarlo o romperlo, ni siquiera tú.

Tal vez sea mejor así, porque cuando al fin me duermo, en mis sueños estamos tú y yo y todavía no nos hemos ido con esa mirada ardiente de odio brillando en nuestros ojos mojados: en mis sueños me amas y te amo, en mis sueños todavía estamos sonriendo. 

viernes, 31 de julio de 2020

Ice and fire / Eyes on fire


¿Que si lloré por ti? Sí, hasta que me quemaban los ojos y mis párpados tenían grabado tu nombre. Lloré como se llora a los muertos, pero era yo quien no iba a volver.
No sé por qué no debería entusiasmarme el futuro sin ti, como si no añorara mi vida antes de conocerte: esa línea recta de luces, brillos, cantos y perfumes; esa gloria mestiza de las ciudades ruidosas y las calles infinitamente oscuras.
También soy consciente, me haces falta desde que nací y la vida te ha traído de regreso a mí por tres o cuatro meses de los últimos tres años, pero siempre ha sido igual: te me vas como si nada, y me quedo con tu odio pisándome la sombra; condenada a sentirme como si la culpa (tu culpa) me tuviera contra el suelo, sujeta de la garganta. Ya no quiero que tu miedo me aprisione, tengo suficiente para ahogarme en cualquier habitación. Yo no soy juego, yo no soy duda, yo no soy lástima ni imposición. 
Hoy me arrodillé en el agua, me sumergí y enjuagué mi piel y pelo de la frustración que me estaba matando. Tus miedos y tus heridas sólo a ti te corresponden, sólo tú los puedes sanar; a los míos los miro de frente y al fin los puedo nombrar, primer paso para exorcizarlos por mí más que por nosotros. Si hubo nosotros o si aún lo hay. 
Yo no soy juego, yo no soy duda, yo no soy imposición, así tampoco sea amor ni deseo, así no sea más que esa imagen de la luna cayendo en el mar, junto a la carretera. 
¿Que si lloré por ti? Sí, y probablemente siga llorando los años que vengan por el amor que no volveré a sentir. Escucharé tu nombre y lloraré por dentro, deseando siempre volver a escuchar tu voz; y cuando te vea, seguro lloraré también por lo que sea que encuentre en tu mirada: felicidad, espero, paz. 
Aquí te dejo el amor que va a ser tuyo por siempre, lo aparto de todo dolor, rabia o acto de auto-destrucción, te libero de mí sin reservas, solamente regalándote ese tiempo precioso de mi tiempo, ese amor, rey de todo mi amor, por ti: mi universo de todos los universos.
Te amo como siempre y para siempre aunque la vida no me alcance o sea justo lo que alcance para separarme de ti. Y si otra vez coinciden nuestras miradas y me preguntas si lloré, te diré que jamás, que cuando pienso en ti todo son sonrisas, tragos dulces y canciones  bajo la noche que nos vio encontrarnos y también partir. 

lunes, 25 de mayo de 2020

Hiatus

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Dentro de mi disfuncionalmente amplio umbral del dolor, te escondes tú como mi tesoro, mi corazón fuera del cuerpo que no sé cómo mantener completo y a salvo. No entiendo mucho sobre cómo funciona la rapidez de tu mente, mucho menos ese fuego devastador que tienes en el pecho; sólo sé que me vuelve loca todas las noches y todos los días, de amor, de dolor, de alegría, de incertidumbre, de pasión: de vida. 
Mi corazón sabe que este amor está envenenado, mi alma sabe quién eres tú y quién no podrás ser jamás, pero eso no me impide amarte con terquedad y con angustia. Los días pasan lentos, ahora más lentos que nunca, y si no te veo y creo lo que dicen las voces de mi cabeza, se me escurre la esperanza y cada vez me encuentro más vacía, como en esa carta que un día te escribí al borde del abismo: vacía de amor y vacía de ti. 
No sé qué hacer con estas ganas que tengo de escapar o de arrancarme la piel poro por poro, no sé cómo hablarte sin que todo se desborde de mi pecho y se vuelva horrores y sollozos, reclamos y mala fe. No sé cómo llevar este amor a cuestas sin pensar en lo mucho que me hunde a cada paso que doy, no sé cómo reconstruirme y ser yo la mujer a la que dices que amas cada noche, como si tú y yo supiéramos algo del amor.
No sé qué es lo que buscas pero sé que no lo tengo o que no tengo suficiente, y por eso sales a encontrarlo en otro lugar, a veces deseo con el corazón que lo halles intacto para que nunca regreses y pueda tener un sólo día de expiación, pero sé que no es verdad porque más frecuentemente mi vida depende de cuánto te quedes, de cuánto me mires y cuánto me sonrías, de cuánto te creas que yo soy lo que quieres para ti. Más frecuentemente de lo que quisiera aceptar, me parece que la vida no es vida sin ti, aunque luche por evitar eso día tras día.
Mi paciencia se hizo rancia, mi corazón se detuvo, ya todo está estancado y podrido, no tengo más que ofrecer, no te puedo detener, no pude, no lo logré. Otra vez estoy aquí en la sombra deseando no ser yo para poder hablarte y que no tenga miedo y que todo salga bien; que no encuentre rabia en tus ojos, ni decepción en tu voz; que la vida me permita la oportunidad de tenerte cerca sin que se me rompa el corazón ni que yo misma me lo rompa, sin arruinarlo todo. Pero ya la tuve y lo eché todo a perder. 
¿Qué hago ahora?, ¿estás ahí?, ¿puedes oírme? 

viernes, 28 de febrero de 2020

Rainbow


Ni una sola vez, jamás, ni por un instante pensé que esto pasaría. Desdeñé mis sentimientos durante meses, entrené mis oídos para no escucharte, cerré mis ojos para no verte y quise ocultarme detrás de golpes de pecho y ansiosos saltos de fe para huir de ti y de lo que yo creí que jamás me iba a suceder. 
No sé todavía por qué, muchos estarían esperando que un choque me despertara para encontrarme de nuevo sola en la oscuridad con las manos vacías, porque a eso estoy acostumbrada. Siento como si mi mente, tan indulgente como siempre, me estuviera sembrando estas imágenes para pensar que eres tú, que estás conmigo y que me quieres, antes de matarme o sofocarme con algo terrible. 
Eso es demasiado bueno para mí, por eso no puedo quitar mis manos de tu piel ni mis ojos de tu cara, por eso te he repetido que eres un sueño, y no deseando que se termine y algo me despierte sino pensando en la tremenda suerte, tremenda luz, tremenda buena noche que sería aquella en la que todo esto pasaría de ser así.
No sé si pueda alguna vez transmitir la felicidad, la paz o el amor que depositas en mí pero puedo dibujar aquí imágenes que quizá se acerquen un poco: eres esa luz que reflejaba el mar en el atardecer de cuatro cuatros, eres esa canción de la mañana fría en la carretera junto a la playa; eres mil noches de risas dentro del auto, eres esas mil noches sin pesadillas; eres el sonido de las fiestas, la voz de las canciones, la fuerza de los vientos y todas las horas más felices de mi vida. Mucho más y nada menos. 
Eres lo único que no puedo explicar ni entender pero no quiero, porque solamente sé que supe desde el primer momento que eres el lugar al que pertenezco.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Surrender the night.

He visto los mejores nombres caer desde los estantes más altos y ninguna caída propia me ha dolido así, aunque cierto es que aquí no nos gana la decepción como nos golpea la soledad o nos apuñala la incertidumbre. ¿Qué es lo que necesito? Huir me da el bálsamo de la redención por unos instantes, el sueño me seda diario pero suavemente por un par de horas, sin embargo, aquí en mi pecho todavía se esconde un sol tibio y rosado, y no tengo opción ni ánimo más que de extirparlo de una vez por todas.
Le he prendido fuego a mi memoria porque atesorar fracasos no es justo para nosotros, me llevé las luchas y les dejé las derrotas, sin buscar culpables, sin perdón ni consuelo, y salí corriendo con los pies en los pedales y sobre las ruedas, nada me puede detener ahora.
Tanto he sabido utilizar mi fragilidad para abrirme paso entre las ortigas que ahora ya no puedo moverme sin sangrar de uno u otro lado, por eso me dejo fotografiar sonriendo, llena de polvo, sudor y honor para que ya nadie quiera venir a mentir diciendo que puede salvarme, ayudarme o protegerme, aquí nunca ha entrado nadie más fuerte que yo. Convertí en mis amores a mis enemigos confesos, y ya no podría llamar amor a lo que siento porque me despierta todos los días con ganas de matar a puño limpio, harta de no poder hacer correr la sangre en los surcos que apenas podían llamarse venas, ni inspirar amor en los hoyos negros que esa gente me ocultó bajo sus huesos y camisetas.
No es culpa de ellos concretamente si no tienen nada qué ofrecer y así pretenden que están ahí para darlo todo, a cierto tipo de gente le funciona mentirse hasta creerse, como si la palabra fuera creadora, como si se pudiera vivir de la ilusión. Son ellos quienes no son suficiente, pues yo estoy hecha de carne y hueso, de las historias que no tienen final feliz, en donde los amores se van, los besos envenenan y los padres mueren sin justicia, sangrando en las calles, en soledad.
Me he enamorado de magos que me tendieron la mano para arrancarme todo lo que pude guardar en mis entrañas, y luego desaparecieron diciendo que aquí jamás conocieron a nadie ni sintieron nada, y yo dejé que ocurriera tal vez por el hechizo de la supuesta protección que me vuelve ciega y muda, y ojalá las lágrimas hayan podido lavar los fantasmas y los sueños, esta vez, por igual.
Les he quitado el poder ahora y parecen órganos fláccidos y grisáceos, las heridas en mi cuerpo ahora parecen bordados rosados, como adornos en este envase vacío. Lo he sentido todo y ya no me sorprendería encontrarme con algún rencor o un viejo dolor debajo de mis uñas, pero me lavo las manos, ya no es bienvenido en mi cama para que me dé pesadillas, igual que ellos a los que ya no puedo llamar por su nombre; a los que bajo del pedestal donde los adoré para regresarlos a donde pertenecen, y que vuelvan a ser como nunca debieron dejar de ser: un desconocido en un bar y un viejo compañero de escuela.
Que el universo me libre de las malas decisiones, sobre todo de aquellas que puedan afectar a terceros, y que la energía de los que vinieron antes de mí me despierte al fin de lo que ya no merezco y me convenza de una vez por todas de que la deuda ha sido saldada. La noche es mía, esta noche me pertenece.