miércoles, 12 de julio de 2017

boy division

Tremenda necesidad, tremenda austeridad, tremenda tormenta.
Estuvimos cerca y colapsamos un poco, un segundo solamente. Mi vida son estas ideas sueltas, estas frases cortas, esquinas porosas de la envidia y la traición... y la aceptación, tal vez si todo está hecho añicos en mi memoria. Como haya sido, gracias por ahogar mi sed y quemarme la nevada, gracias también por la bendita confusión de la que brota cada puntada de tinta, cada golpe de tecla en la ventana... lloviendo, tronando, diluviando, sangrando.
¿A quién engaño, corazón divino? Cabeza divina, rostro divino, deslumbrante satanás, ¿a quién engaño? El silencio inunda cada centímetro de nuevo, le he retrasado el pago a la muerte y ahora la hice llover en enfado.
No quisiera irme sin saber qué demonios estás pensando, cuál es la realidad que ven esos ojos cuando se cierran, qué escondrijos repletos de oro habrá en el laberinto de tu mente, pero nieva, está nevando ahora, no te reconocería si te viera y no podría alcanzarte aunque te tuviera cerca. El amor no está escrito en mi destino así como la nobleza no está en mi naturaleza, las runas han hablado; las he tirado en el mar para que no sean indiscretas: le han contado a todo el mundo sobre la pobreza que esconde mi espíritu y la ansiedad que me corre por las venas, te han dicho que mis intenciones no son buenas, que en el fondo, más que amarte, cómo me gustaría que te doliera todo lo que me dueles, que me lloraras todo lo que yo estoy dispuesta a llorar... y eso te hizo irte, corazón aventurero, a las costas blancas, a las aguas tranquilas, a buscarte otra diosa que no te quiera castigar.
Bruja del mar, hechicera libertina, sólo eso y nada más. Aquí soy yo la que perdió desde que te miró la cara y se encontró con el milagro que no se atrevía a buscar, aquí soy yo la que se aferró a que lo imposible durara más de la semana y media que debía durar... aquí soy yo quien quería amarte, a pesar de la lista infinita de oraciones que comienzan con 'a pesar'. Aquí soy yo quien ha pecado de palabra, obra y omisión... y sí, por mi culpa, por mi culpa, por-mi-grande-culpa.
Mi verdugo se acerca, viene la muerte prodigiosa, la muerte candente, quitándome los disfraces, apagándome tus luces, con sus ojos vacíos clavados en mí... volvió a todos los demás en mi contra y preparó la mesa, yo soy el festín.

miércoles, 5 de julio de 2017

tagtraum

Un día supe lo que era sentir que todos mis sueños se hacían realidad, por capítulos, como si la gran oportunidad de mi vida se fuera desgranando durante un año casi completo, dándome sólo una cucharadita de miel por veintinueve de veneno.
El sol se asoma una vez al mes a mi vida, abriéndose paso con la sangre de mi cuerpo, sin embargo, una de esas veces supe lo que era sentir que ese sol me secaba las lágrimas, que me iluminaba la mente, que me quitaba los escalofríos y disipaba todas las tinieblas.
Muy lejos está ya ese instante, veintinueve semanas rotas han pasado, divididas entre energía y melancolía, y si sólo en la semana quince hubo una noche de amor-agonía... ¿qué es lo que me hace tanto daño? La distancia, el vacío y la pedantería: el quererte y no creerte, y creerte sin querer.
Me mata el quedarme siempre lejos, nadar siempre debajo de ti porque siempre me olvidas, me pateas hacia abajo... me mata saberme de memoria el diálogo, el rompimiento de ola, santinguarme con tu regreso a sabiendas de que si vuelves siempre es porque siempre me abandonas.
Es lo mismo cada veintiocho días: si miras mi corazón de frente, si ves el templo sagrado de empatía color ocre que te construí, sonríes, das media vuelta y te vas dejando abierta la puerta para que el viento de la realidad me reseque los deseos y me enrede los cabellos, pues si bien tu camino es luz neón y humo de cigarrillo, jamás, ni por un instante, ha estado manchado de mentira o fuego amigo... es traslúcido, espejo de obsidiana, mi mitad oscura. Maldito hechicero, chamán, demonio, rey.
Llamarte no funcionará ahora, no tengo ninguna excusa para revelarte la rabia con la que te siento y no es por los labios que beses o quieras besar, ni por la piel que toques o esta piel, que no volverás a tocar; no tengo razones para creer que por lo mucho que te alejas debes regresar, ni para querer con estas ganas que no me vuelvas a dejar. Sé por qué te vas y no siento nada por las manos que puedan tocarte o los ojos que quieran verte, aunque de esos haya cientos de pares en esta y otras ciudades: los nervios de los celos me los mataron a golpes hace tiempo, un amor antes del tuyo me los arrancó de raíz.
Quererte así no me hace fuerte, culparte así tampoco lo va a solucionar porque estos errores son míos, no son tus defectos ni tus omisiones, y no me van a funcionar como argumentos que sostengan la débil tesis que tienen muchos de que tú debes quererme. Nada de lo que yo pueda decir o hacer podría hacerme ese favor, ni este amor tendría el peso suficiente, estoy consciente y, sin embargo, tú me regalaste un día, un precioso día de diciembre que con todos los reveses guardaré dentro de mí, ahí donde guardé el montón de malas decisiones que te trajeron a mí, también guardé cada segundo que paso pensando que te necesito, deseando volver a nacer para entenderte de verdad y escuchar lo que quieres decir y no lo que parece que dicen tus labios cuando me derriten los escudos uno por uno... ahí va el olvido, el tiempo que no vuelve y que cada día que pasa se vuelve más tenue en la memoria, aunque siempre haya un segundo más en el presente para desear ser quien fui un lunes hace veintinueve semanas.
Aquí enlisté mis respuestas, aquí están las verdaderas causas para este dolor estrepitoso, trepidante e imperfectible: fantasmas en mi cabeza. Aceptémoslo, no nací para sentir esto y salir ilesa, sin razguños de estrellas caídas o atropellos de palabras francas; yo nací para sangrar profundamente, para trastabilar al recoger migajas, para confundirme fatalmente entre mis susurros y los tuyos.
Esta vez, cuando te vayas, ojalá tu tremenda luz haya secado mi nombre de tu frente, que esta infección haga que me amputen los nervios faltantes y al fin deje de sentir que me merecía tener ese doce de diciembre, y de paso, que merecía tenerte a ti. Una vez y para siempre. 

La muerte me mira de reojo y me regala una sonrisa breve, se acerca sigilosamente y me habla por primera vez en casi siete años, aquí está otro príncipe- dice- quizá más bello que todos los otros, más bello que el universo entero, pero sólo es uno más; otro príncipe que te ama, pero no va a enamorarse de ti jamás.
Extiende su huesuda mano y toma la huesuda mía: la libertad, la libertad.




lunes, 19 de junio de 2017

Purple haze

No es sinsentido, es contrasentido.
El diablo me mira y contempla cómo todo se enciende, camina dejándose de lado por un par de preciosas horas, sin disfraces, poses o mesuras. Me mira y lo entiende, lo provoca... sabe que la luz no es luz si mis ojos no lo encuentran, que el tiempo no existe si mis oídos no lo escuchan, que la vida es una bruma gris hasta que... sí, estamos aquí. Juntos. Encerrados en una penumbra púrpura, lo enredé con mis palabras y él me ató fuerte con sus brazos, no hay dolor, no hay dolor, pero tampoco esperanza. No hay preguntas, no tendrían respuesta.
Mi leal corazón se le fue de las manos pero no por eso se rompió, aguantó a la gravedad, la angustia y la aplastante verdad, como mi tobillo, como mi frente, como mi cordura. No puedo mirarlo más de tres segundos sin convertirme en la víctima, no puedo volver la ira y el odio en su contra porque lo revierte, maldición, lo deshace. Para todo acto, esconde un contra hechizo.
No puedo mirarlo porque mis ojos le exigen que explique cómo se deja llevar tan fácilmente, como el mar, arrastrando fuerte todo lo que se le acerca ; se dan por vencidos y se cierran, maldita sea, aquí está mi cruz, mi demonio hecho de agua:  mi disolvente universal.
Ahí, en cuanto el púrpura se vuelve negro, acerca sus labios a mí... Mi corazón al rojo vivo me grita que lo devore, que le bese todas las faltas, todas las pesadillas, todos los sinsabores... mi mente tormentosa me espeta que cierre la puerta y acelere: dig-ni-dad, au-to-es-ti-ma. El príncipe de las tinieblas, pendiente de todo, me guiña un ojo y lo veo claro, la muerte también se enamoró de esa mirada, también está ahí sentada... tiene más que un trato con él, lo ama. Ella también lo ama. Ella me impulsa a ceder.
El diablo todo lo sabe, un beso me disuelve, un beso todo lo puede vencer.

martes, 30 de mayo de 2017

descaro

Los antiguos marcaban las eras cada cincuentaidós años, decían que entonces moría un sol y nacía otro y... a gran y pequeña escala, todo es verdad, todo tiene sentido siguiendo los cataclismos. Escucho tu voz profunda día y noche, día con día; a veces cierro los ojos y siento tu abrazo, y a veces es ahí donde me viene la culpa, pues no te abracé un poco más, porque no supe cómo manejar el alivio que sentía al verte ahí de nuevo, al poder verte sonreír todos los días. Mira qué poco me duró, mira qué grande la condena.
Muchas cosas han cambiado desde el lunes que me rompió la vida, muchos lugares he visto, con muchas personas he reído, con muchas más he llorado, muchas veces por ti, muchas veces por todo lo que me has dejado pero dime... ¿de qué sirve? Eres tú con quien quiero hablar más que con nadie, eres tú y siempre serás tú. Más allá de lo que se ha movido, desgarrado o podrido, hay una cosa que me volvió a crecer: un sentimiento, un deseo, un dolor, sí, una vida. Una vida mía que sin ti, no parece mía, y es que tengo tanto miedo pero tú me inspiras...aunque a veces quiera volver, volver, volver... el pacto con la muerte, el pacto con la magia, todo... todo sellado con cera ardiente.Por ti, por ti, por ti.
 ¿Qué acaso no estoy yo aquí, que soy tu hija?
Mírame, mírame cómo desvarío, mira cómo me convierto del ser suave al ser perverso, mira cómo no me arrepiento. Perdóname, perdóname, tal sólo necesito tiempo. Necesito saber si me extrañas como yo te extraño, cada segundo que respiro, con cada fibra de mi cuerpo; necesito saber que estás ahí, que no me has abandonado porque ya casi no te sueño y cada vez te pienso más, necesito fuerza, necesito menos.
El blanco en esta hoja no me da para llamarte, no me da para contarte todo lo que he vivido sin ti, las luces llenas de magia, de fugas y desfiguros... y tal vez amor, porque hay amor, sumergido en vino barato, escondido entre las tinieblas, el fugitivo y reluciente amor... arráncamelo de la frente, por cierto, porque no me deja ver qué sigue, porque me encadena al escritorio donde me siento a darle explicaciones, a escribir justificantes sobre mi descaro al desear que fuese... no, y ni siquiera me atrevo. El blanco en esta hoja no me da para explicarte la vergüenza que siento al cavilar de una cosa a otra y dejar que todo lo demás se hunda en un universo de qué-serás.
Yo siempre enamorada, él siempre complacido y en medio de nosotros, mi padre como un dios.
Dime qué tan enferma me dejó tu partida, dime si no es descaro y es sólo mal-vivir. No dejes que te culpe de mi tremenda herida, no dejes que te convierta en el mártir por el que quiero pagar, porque sé que ni siquiera podría. Sólo trátame una vez más con comprensión y sin discordia, sólo dime una vez más que no me dejas y no me olvidas, que no te vas... que estás conmigo, y de mi lado como siempre, hasta el final.
Ya sé que tengo mal corazón, que tengo enfermas las entrañas, y que mi cuerpo es un espejo; ya sé que no sueño nada porque a cada hora recorro la órbita alrededor de lo que no tengo, dejando atrás lo que soy, dejando que se hunda en el tiempo, usando tu nombre como contrahechizo, como salvación. Es eso, ahí está, apóyame pero no me salves, aunque tenga límite y ella tenga la baraja con todos los ases, déjame pensarlo de nuevo, déjame crear un plan, déjame volver a escribirme.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Gone with the wind

Los terrores nocturnos han vuelto, las fantasías triviales también... he vuelto a sentir que el alma se me desprendió, que un golpe de espanto la arrancó de mí y nadie ha vuelto su mirada allí, ni mucho menos ha hecho el ritual para recogerla. Mi vida de nuevo es un desierto pequeño, de no más de 70 centímetros de circunferencia, pero tan pesada y estrepitosa como un hoyo negro; miro al espejo y la veo, áspera y empolvada, cubierta con moretones y perdida mucho más que en la mirada. Suspiro y me repito que tengo que confiar en ella, que tiene todo lo que necesita, que quién-sabe-por-qué no lo logra ver. Tengámosle paciencia, me digo, es una sola mujer dividida en miles de vidas. Vida dádiva dividida. 
Los días me han agobiado con sus buenas y sus malas noticias, es como si el mundo no parara de cambiar con cada vuelta de uso horario, con cada aleteo de mariposa; a veces soy una diosa que se desliza derribando enemigos y a veces soy una estúpida usando un casco ridículo, a la que están haciendo pedazos, pero todas las veces sueño, aunque despierte temblando... todas las veces sonrío... todas las veces amo. 
He pagado fortunas por todo lo que he amado, me he sacado el orgullo por los ojos y he sangrado delirios, he pagado ya todo; y he jurado más de mil veces no volver a hacerlo, no caer en ese juego, no volver a estar ahí, pero podría jurar mil veces más que si alguien sintiera lo que siento jamás se arrepentiría y siempre (siempre) lo volvería a intentar, porque cuando él apaga las luces, mi piel se enciende señalando el camino, o quizá me lee la mente, o mi corazón late tan fuerte que grita todo lo que quiere. Hasta el día de hoy no sé cómo lo hace, pero si alguien sabe descifrar todos mis códigos es él, es él quien reconoce mi piel, quien me sabe escuchar y quien (totalmente, increíblemente) me sabe leer; es como si fuera una trampa, la prueba final del laberinto tortuoso de mi vida... y si es así, quiero ganar, quiero ganar, lo que más deseo en la vida es ganar. Pero no puedo, y eso sí lo podría asegurar. 
Ya no puedo soñarlo más, ni desearlo más, ni quererlo más, solamente puedo alejarme, eso sí, cada vez más porque me duele desde su nombre hasta su clímax cada vez que me late el corazón, y me estoy disolviendo en ansias, celos, rabias y tapaderas, dudas y contra dudas... frenos y desenfrenos. De nuevo, de nuevo, todo de nuevo. Esta vez no quiero olvidar, ni borrar, ni curarme, solamente quiero mirar desde la distancia más prudente y sentarme ahí a tejer mi futuro yo sola, en donde no se manche de él y donde no se llene de polvo esperando que me quiera. 
Yo confío en esa mujer aunque se enamore como idiota, aunque confíe como niña, aunque sea leal como ninguna. 

(La muerte ya no acecha, la invité a cenar; también está sentada esperando al filo de mi cama. Ya la oigo... ella me dio lo que quería, viene solamente a cobrar.) 


lunes, 27 de marzo de 2017

Death wish

Muerte, llévame ya y abrázame fuerte. Pégame, destrózame con esa voz, ese desenfreno y ese fuego, mi amada y dulce muerte, mi mordaza: la norma y el cronómetro, préstame mi suerte sólo un día, concédemela; permite que sus ojos oscuros se roben los míos, que su boca vuelva a contarme sus secretos en medio de la oscuridad, que su piel vuelva a romperme todas las cadenas en una, una por una, tres y ninguna, de una sola vez.
Muerte, que me eres más fiel que la vida, que me sigues a donde vaya, que me invades y me expulsas, por favor clávate en mí y cuando lo liberes, poséeme, arráncame de mí... exprímeme de mí, húyeme.
Cómo quisiera tener el valor de confesarle que estoy aquí rogándote como si fueras una santa, que me lo traigas un segundo, cómo quisiera explicarle lo mucho que me hace falta y cómo quisiera que lo pudiera entender pero nunca será así.
La luz se fracciona en miles de posibilidades, eso dicen, realidades infinitas y colores desconocidos, pero yo prefiero la oscuridad que le hace los honores, a mí me gusta su momento clímax, me cautiva con su poder, ¿qué puedo hacer? No me es suficiente. Solamente corro si es detrás de lo que no puedo alcanzar y busco solamente aquello que me evade o me pierde (hipnotiza, arde, corroe) dentro de sus venas, para ahogarme. Esta vida no sólo me habla con su voz, me apuñala con las esquinas afiladas de su garganta y su música mágica; me disuelve en sus pulmones cada vez que respira porque de eso estoy segura, él me respira.
Por todo esto, muerte dulce y pequeña, necesito que lo protejas, déjame verlo una vez más y luego quítame de su camino para siempre, porque mi vida es un castigo para él y para mí. Ya no soy tan elocuente y nunca he sido valiente, ya no soy lo fuerte que pude ser y, por supuesto, ya no tengo nada qué perder, ya todo te lo llevaste, silenciosa muerte, y por todo lo que me has quitado solamente quisiera un segundo para ser lo mejor que me alcance la vida para ser. Ironías y desvergüenzas por gracia y alta presencia, ¿qué dices?
Mira, muerte, nadie me conoce como tú, nadie me llena tantos espacios vacíos; y si no puedes devolverme a los padres ni a los hijos, una vista o una playa, solamente dame un día en que nada salga mal y la energía no se me devuelva echa añicos, ese día nos enfrentaremos: tu quijada contra la mía.
Te desafío porque aquí estoy, mordiendo hasta lo que no puedo tener y, si un día tú me haces polvo, "polvo seré, pero polvo enamorado".

martes, 7 de marzo de 2017

Dust to bloodcells



Los seres se forman de barro y luego son embestidos por la palabra creadora, todos lo sabemos de una u otra forma; todos lo hemos visto, todos hemos llamado al movimiento y lo hemos sentido alguna vez. Algunos huyen de él apenas escuchan su nombre, otros simplemente lo dejan ser. Algunos más, resistimos ante su toque rosado, pequeño y suave… ardiente y palpitante como la vida, porque es la  vida, no sólo tejido e incontrolables inercias. Resistimos hasta donde nos es posible o hasta donde nos dan la oportunidad.
Empero, hay un secreto que sólo la resistencia sabe guardar, ahí oculto bajo la vergüenza del alivio, ahí oculto bajo el desorden de todo lo demás: tal vez es demasiado bello. Tal vez nos equivocamos. Definitiva y estrepitosamente.
No le he llorado más que una sola vez a esa razón y no le lloraré jamás a otra, porque se me partiría en cachitos la poca fuerza que desearía tener pues tan sólo, al escribir estas palabras, se me clavan las costillas en el corazón, el pecho se me hunde, mi cuerpo se encorva y mi mente no da para más. ¿Qué es lo que necesito? Correr y sacarlo de aquí, absorber el poco aire que me queda para decir que lo siento, lo siento, lo siento tantísimo.
Mis seres se formaron con estrellas, con momentos felices, con sombras en lugares públicos, y ahora esos seres que no pude mantener, que no supe guiar y que no pude querer me miran con desprecio desde no sé dónde, me vigilan y me señalan con el dedo. No lo pueden creer. Se dice por ahí que una vez que te abres ya no te cierras, que una vez que te equivocas solamente puedes volverte a caer, más abajo y más profundo, mientras sigues soñando y esperando: esperando, deseando, alucinando que verás el sol salir otra vez.
El cristal explotó y los peces se derraman por las escaleras, agitan las colas y abren los ojos, se retuercen y gritan piedad por lo que les queda. Todo al paso del volcán se ha secado, todo al paso del huracán quedó podrido; todo al paso de la energía, del arrepentimiento y la resignación… todo, todo se quebró. – La espina retrocede de un latigazo, el corazón es apuñalado por la espalda- Si la misión de mi vida es resbalarse por mis piernas, si la razón de mi vida es cobrarse la que dejé ir, por favor alguien dígale que me rindo, que ya no respondo, que ya no puedo seguir. Dígale al destino que lo pagué, que ya todo lo pagué. Se llevó el mayor de todos mis sueños, prometiéndome que iba a volver, y me morí esperando a la vida, morí esperando que volviera a nacer.

Ashes to ashes, dust to sidechicks.