viernes, 5 de abril de 2019

Memento mori

Después de tanto misterio, el telón caerá. Todo el mundo se va a reír, van a hablar, como si hiciera falta.
¿Qué queda por decirse de mí? Que la vida no me alcanzó para ser feliz, ni para aprender de lo que deseaba ni de lo que tenía enfrente, ni para contemplar otros mundos, con los que soñaba, ni conmigo ni de la mano de nadie. 
Y esas manos, ¿cuáles? Las de los hombres que me mienten mirándome a los ojos, los que me ocultan sus verdaderas palabras, los que huyen de mí, los que ya no están. Aquí ya no queda nadie.
Se fueron las voces, las esperanzas, los sueños, las fantasías. Se fueron los colores, rosas, púrpuras, turquesas, negros. Se fueron las risas y las fiestas, y las lágrimas, gracias a dios se fueron.
¿Qué quedó?
Recuerdos de playas frías e iglesias doradas, otros mundos con bosques y bellezas, citas de libros, canciones y malas decisiones. Recuerdos de mi cara perpleja y redonda en sus fotos, con la sonrisa a medias y los ojos un tanto abiertos. Recuerdos de mí emberrinchada, emocionada, enamorada y rota. Los cuatro estados de la materia.

  • He escrito miles de cartas y he dicho mil malas palabras, pero hoy se me acaban todas y así, sólo este recuerdo quedará. 

martes, 25 de diciembre de 2018

You just don't want to be alone

¿Para qué sirven los ojos cuando ya no pueden mirar? He encontrado las palabras correctas una y otra vez, he recorrido los caminos que ahora están cerrados y he sabido lidiar con el clima de la cima como con el mar de fondo: nunca he hecho más que resistir y seguir sonriendo, pero una pregunta se asoma con sus signos afilados, clavándoseme en la espalda desde la memoria: ¿para qué tanto esfuerzo?
Perdí ya la inspiración que me había dejado sorda, perdí la figura por la que casi doy la vida, perdí la familia que me la regaló; perdí la obsesión, la disciplina, la confianza, ¿qué me queda para ofrecerte?, ¿qué me queda ya más que maquillar lo que soy y sostener lo que queda con estas manos cansadas?
La idea me atormenta, me fulmina, no puedo seguir pensando que algún día voy a poder ser lo que creo poder plenamente y sin medida, que tendré en mis brazos una obra, un éxito, un hijo, un amor. No puedo seguir pretendiendo que a alguien le importa, que no soy el bagazo, la segunda o la tercera opción, que soy menos que la sombra de lo que parece que soy.
Se me agotaron las ganas, se me murió el amor: me lo mataron a balazos, ahoro sólo quedan fotos de lo que fue una mujer creyente de su pasión y sus letras, la mujer que se aferraba a ello con todos los huesos y el alma.
No te culpo, mi vida, ¿quién podría amar este desastre?, ¿quién podría darle más que palabras bonitas a un ser errante?, ¿quién por voluntad propia, elegiría algo así?
Tienes razón, no te arriesgues a infectarte, no dejes de prevenir que nuestras sangres se mezclen, pues mi estirpe está condenada y no, no tiene ni tendrá jamás una segunda oportunidad.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Lucky strike

Nunca he sido buena para detectar intenciones de cualquier tipo, estrechas o paralelas. No se trata de que no pueda ver a la gente mala o que mis ojos se cierren ante la desvergüenza pero, ¿qué podía hacer contigo? Si tú y yo nos vimos crecer desde lejos como hacen el cielo y el mar, ¿qué podía hacer entonces? 
Había dejado de creer que podría llegar a algún lado con mi fe ciega, con este convencimiento de que al final todo saldría bien y quise volverme fría.
A veces no sé qué hacer con el miedo ni con las dudas, nunca habían cabido en mí y me las sembraron a fuerza; vi todo lo malo pasar, vi todas las luces apagarse, fue por eso que no te encontré antes y quizás haya sido lo mejor y si no, ya no es importante.
La vida a veces guarda regalos para quienes saben esperar, y yo esperé tanto por ti que eso justificaría toda esta felicidad. Me revuelve las entrañas y me enciende poco a poco, y por eso debo decir la verdad: no soy la persona más tranquila, pero soy transparente como la que más; no sé ocultar cosas, ni mentir, ni guardar nada que no deba guardar.
No soy fuerte, ni tengo mucha idea de cómo ser feliz o siquiera de cómo quitarme lo triste, pero he estado ahí, en el punto más bajo y he regresado aquí por más. 
Nunca he podido desviar la mirada a los que me quieren y jamás me he guardado lo que siento, aunque esté mal o me duela, o me explote en la cara y por eso estoy aquí.
No tengo las mejores palabras en la boca, solamente las que leo y las que escribo, me da miedo decir algo malo, hacer algo mal, no porque tenga malas intenciones sino por todo lo contrario, porque, como siempre y ante todo: en teoría quiero saberlo todo, y en la práctica no sé dormir sin asustarme, caminar sin perderme o querer sin equivocarme. Y sin embargo, gracias a eso dentro de mí no tengo nada más que pasión,por todo lo que no conozco y por lo que no sé hacer, porque quiero saber qué se siente morirme contigo o morirme de ti. Por eso estoy aquí, por ti. 
No me abandones, no me duelas, no me dejes. Y yo te regalo todo esto, todo lo que tengo y todo lo que puedo dar. 

viernes, 19 de octubre de 2018

Fool's gold.

Cuando abrí los ojos, el cielo se había vuelto rojo. No me limites esta voz y este sentimiento, no quiero, ojalá pudiera dejar de escribirte y sentir que puedo olvidarte o dejar de pensar en ti. No lo sé, todavía me lamo las heridas porque me queman en las noches, cuando me atrevo a mirarme como soy: una trampa negra de penurias y omisiones.
Un día estuve agradecida de haber condenado a aquel desamor al precipicio, quizás por darme un poco de indulgencia y un poco de noche para poder dormir. No eres un santo, ni un príncipe, pero tampoco eres una maldición, lo sé, sin embargo no voy a seguir pidiéndote perdón por el único momento de triunfo que tuve en tres años a cambio de ti. 
Seré sincera y diré que si me sostengo en pie es gracias a tu desvergüenza, me llevaste al límite de la icongruencia y te tragaste toda mi dignidad; me despediste de ti en plena madrugada, abierta de par en par, sola y humillada. Nunca más volviste la mirada, ni para hablar con la verdad ni mucho menos para reparar en que habías usado el amor más grande del mundo en contra mía.
Y eso no se lo puedo perdonar a nadie.
Te amé como a nadie y te amo como a pocos, con recelo y con odio, pero con fervor al fin. Sé que tengo que olvidarme de ti, no porque te lo merezcas o me lo merezca yo, aunque eso sea completamente cierto, sino porque de tus cenizas no renací pero renació el amor. Alguien ve en mí lo que tú siempre quisiste que yo no viera, eso me salvó la vida, no tus palabras ni tus limosnas, sino una certera y honesta acción... y si alguna vez fingí ser así y me revolqué en la traición víctima de mi obsesión por ti, esta vez te lo voy a decir: aunque me muera, aunque me mate, aunque todas las luces se apaguen, no volveré. Yo no soy como tú, aunque mira qué bien lo aparenté.
So long and goodnight. Que el azul nunca te atrape.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Kingdom come

Si desvíe la mirada de cuánto me dueles es porque en ciertos momentos creo que puedo drenar la sangre envenenada de mi corazón caliente, y si alguna vez te has ido de mi mente fue por la indulgencia de los sentidos o de mi diablo guardián: por un momento pude recogerme entre mis brazos y creerme que podía seguir adelante sin ti.
Pagué el precio más alto por serme fiel, y en el intento de curarme te desencanté a ti también. Probé tantas veces tus labios, toqué tantas veces tu piel que ya no reconozco otros sabores ni puedo caminar  junto a otros pies. No puedo, aunque lo intento, sacudirme tus caricias y aferrarme a otras espaldas sin al instante sentir que me haces toda la falta que alguien le puede hacer a otro para vivir. Ni escucharte ahora en mi mente diciéndome que, eventualmente, lo voy a dejar de sentir.
Y si quisiera despertar y olvidarte para siempre, cavilaría con ignorancia en el error que cometí para nunca, jamás, ser capaz de sentir esa felicidad que sólo tú sabes poner en mí. Existes y lo sentiría, te reconocería aunque jamás hubiera escuchado de ti.
Dime cómo pude ver a través de tus mentiras, de tu ego, de tus fracasos, de tus fantasías, para amarte sin decoro, sin reproche, sin un ápice en el rostro del dolor que me apuñalaba el corazón. Siempre leal, clara y aterradoramente feliz, ¿cómo pude tragarme las palabras sin envenenarme? Tú lo sabes, no es así, por eso al fin estoy aquí.
Tú y yo nos confiamos todo, nos fuimos a todos lados, vimos, sentimos, bebimos y comimos, reímos y lloramos todo lo que el descaro y el alma nos permitió; son tuyas todas mis noches desde que te guardé un secreto y a cambio me hiciste la persona más feliz: un año, y un mes con diez noches más.
Ahora me toca verte desde aquí, con todas las puertas cerradas, enclaustrada en tu olvido, en lo que ni siquiera vale la pena para ti admitir que sucedió.
Nos seguiremos negando porque mi amor se basó todo en lealtad, nos seguiremos negando hasta que los egos no pesen, hasta que muera el medioamor, hasta que todos nos dejen y no quede un alma en la tierra a la que le interese saber que fui toda tuya un día y lo sigo siendo hasta hoy, que lo perdí todo esa noche en que me dijiste adiós... que te amo como nunca amé a nadie, que te llevé a donde nadie me llevó y que no volveré de allí jamás más que en pedazos, porque esa era yo y ése eras tú, porque todo fue verdad y si lo admites tú, también lo admito yo.

Backfire

Cerré mis ojos con fuerza para olvidar, para moler con los párpados las lágrimas. A veces escapo definitivamente de la consciencia y la pericia porque te amo como nunca pensé que podría: con negación y abnegación, comiéndome las uñas por la lejanía y el vacío, sacudiéndome las manos de polvo y sangre. ¿Dónde estás?, ¿puedes escucharme? 
Mi mente te llama a lo lejos mientras observo cómo se me pudre la carne de los dedos cansados de escribirte, pero es que... qué hipócritas sonamos los dos cuando nos hablamos de frente, y extrañamente, por fin confío en tu palabra y sé que te tengo que creer. No estás aquí, no vas a volver. Necesito clavármelo en la mente y, quizás, en la cabeza, verlo sangrar y verme aquí, llamándote con el corazón una vez más pero con la certeza de que no vas a responderme. 
Sabía que había sido un golpe de suerte encontrarme contigo, y como tal, no podría durarme para siempre y, sin embargo, lo empeoré. 
No quise ser ese error que te gritaba que lo miraras a los ojos cuando le hablaras, no quise ser ese arrepentimiento punzante que te tomaba de la cara para obligarte a recibir un beso del que no querías saber más; no quiero ser este fantasma que te persigue. 
Me volví fuego contigo y luego me dijiste adiós y me volviste ceniza. 
Y yo, a diferencia de ti, no puedo renacer de ahí. 

martes, 17 de julio de 2018

Luciferina

Cuando todas las luces se apagan, las puertas se abren y los canales se desbordan; se me cierran los ojos y pienso en qué habría visto de no verme en los tuyos. El error es mío, por supuesto, si llevo la confusión a cuestas y la dejo enredárseme en los pies como agujetas, porque me gusta vestir esta fascinación de pasión y viceversa; y a pesar de que siempre he tenido buen gusto para las obras y jamás he podido (ni querré) comparar el amor que les tengo por otros amores, es momento de admitir la existencia de un vórtice inesperado dentro del camino de los ojos más hambrientos de historia que jamás hayan existido: los míos.
Hubiera podido jurar que los esbozos de megalomanía que a veces dibujan mi esencia debieron haberme servido de alerta, es peligroso combatir fuego con fuego o dejar que los fuegos se sientan tan a gusto juntos, ¿no crees? Y aunque esto pareciera un intento más de expresión del enamoramiento secreto que ya no sorprende a nadie, la realidad es que es mucho más un asentamiento de hechos crucial para una pregunta que lleva mes y medio atormentándome.
 ¿Qué sigo haciendo yo aquí, en donde nada tiene mi nombre? Lealtad y libertad. Siempre.
Una vez me pediste huir de ti, y yo lo descarté inicialmente porque pensé que no tenías manera de saber qué sucedería después o qué tan malo sería eso para mí. Pues bien, allí y hasta ahora me di un crédito que no pude costear y no imaginé que tú tenías dentro una línea de narrador tan afilada que cortaría cada uno de mis momentos de niña ilusionada en el intento de quedarme.
 No imaginé que lo tenía frente a mí y que me estaba dando la oportunidad de salvarme, y creo que si lo hubiera sabido, me hubieran quedado muchas más ganas de volver por más. Una y otra vez.
Me gustan las historias del descaro y la emoción, me gustan los seres oscuros en los lugares maltrechos y todas las lunas pardas marcadas sobre sus párpados; me gusta la burla a la consciencia propia, a la vida y a la autoridad. Casi puedo oír como cruje la inscripción de los mandamientos, casi puedo sentir con mi espalda las rejas del infierno, y, así me alcanzara tu furia y me convirtiera ya no en espectadora sino en víctima, como sucedió aquella vez, seguirá valiendo cada segundo.
A mí nunca me ha gustado la calma, es bien sabido que no la sé tolerar, y lo que brille en la tierra es oro, no importa que sea sólo sal. No me ciega lo que te quiero ni tampoco es cierto que por esto te quiero más, es que me descoses el corazón del pecho y me lo vuelves una semilla en espera; mi corazón,  ¡el mío! Tan sordo, tan ciego, tan inerte ante los hechos, tan incapaz de florecer... se quema contigo y se vuelve cuna, como bosque de conífera. Eso nadie lo vio venir.
Cuánta gracia tienes en los ojos,  cuánta vida tienes en la piel; aquí voy recogiendo los textos, no me canso: no me cansaré.