¿Cómo arreglar un destino?, ¿cómo desmembrar un cuerpo? He caminado en círculos, he despertado a medias, he vivido sin querer, solamente esperando el momento en el que un revés definitivo se lleve todo esto, me corte en pedacitos y lave con agua de mar la maldición. Como la diosa desmembrada, a penas pendiente de su gloriosa expiación.
Contrario a la tradición oral, no he venido a lamentarme; vengo a plantear preguntas serias, ¿cómo se adelanta un reloj?, ¿cómo hago para detenerlo? El tiempo solamente lo complica todo y, en mi caso, lo confronta como en un callejón sin salida. ¿Cómo hago para salir de esto?, ¿en verdad quiero salir? Alguien me dijo una vez que veía la tristeza con ojos románticos y embelesados y es verdad, aunque no la soporte, como a nadie que ame. Aunque me destruya, como todo lo que amo.
Cabe destacar que en la nostalgia y la, digamos, 'torpeza' no encuentro todo mi refugio, también está en las pesadillas y los pozos sin fondo enclaustrados en una maldición de cuatro hermosas semanas con seis miserables días. No sé cómo estoy tan segura ni por qué no hago nada para arreglarlo, sólo sé que no es tan sencillo como todos los expertos en mi vida afirman que es, eso considerando que si algo sé ser más que este cúmulo de dudas, temores y auto-sabotajes es, precisamente, ser un pasatiempo ideal para todo aquel dotado de algún grado cualquiera de pensamiento lógico e inteligencia emocional, que goza de mi imposibilidad física de mandarlos a todos a la infinita mierda. Ahora, ese tampoco es el punto, ¿qué es lo que huele así? Además de el hecho de que, desde hace dos años, todo mi ser apesta a culpa. No soy yo, ni es este lugar, quizá sea que la resignación lleva esperando en el piso siete meses sin ser refrigerada, y la obsesión está haciendo que todo aquí se pudra más rápido. Eso debe ser.
No es tu culpa, padre, haberme bautizado con el nombre de un cuerpo celeste que fue arrancado de otro y no puede dejar de darle vueltas al asunto; no lo sabías, pero ahora todo tiene sentido. No sabíamos que ibas a ser tú, aunque, si lo piensas, claro que tenías que serlo: tú, mi único apoyo incondicional; tú, mi carne y mi sangre, mi rostro y mi psique. Claro que sí.
El ancla se hace más pesada, ¿la ves? Claro que la ves. Ahí están nuestros recuerdos y la persona que era para ti, que nunca más volveré a ser; ahí están todos los días y las tardes en la playa, y todas y cada una de las tazas de café. Ahí estás tú y eso es lo que pesa más que todo, más que el dolor que esto me ocasiona, más que el hijo que no me atreví a tener; más, mucho más que la muerte misma. Eres tú, estás allá, caminando para donde todo se va, en el pasado.
No lo acepto, no lo quiero, estoy harta de esto.
Se fueron todas mis oportunidades (las últimas) de enloquecer, de delirar, de atreverme a ser quien ya no creo ser porque toda mi fuerza se acaba en impedir que mis pies salten del puente más alto, rompiéndome en mil pedazos y acabando con todo esto, como lo dice la leyenda.
Esta es mi manera cobarde de decir que quiero que regreses, vengo a exigirlo, ya no vengo a llorar. No me sirve de nada. Regresa conmigo y devuélveme lo que te has llevado, de otra forma sólo seguiré pensando en cómo terminar de honrar a la diosa de la luna. De otra forma, tal vez no pueda seguir, y no es una amenaza, es un informe.
Tal vez ya no puedo seguir siento 'fuerte', tal vez simplemente ya no quiero, me estoy cansando de fingir. El odio me ahoga y la tristeza tira de mis pies para terminar de hundirme. Tal vez sea hora de dejar que suceda porque, estando ahí abajo, sólo podré mirar hacia arriba y, si bien no vas a volver, tendré la certeza de que sigues aquí conmigo y que no vas a volver a irte nunca.
jueves, 28 de mayo de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
Una segunda oportunidad en esta tierra
Escucha. Pocas cosas me han
maravillado como la palabra. Pocas cosas han importado. Mi vida siempre ha
estado constituida de colapsos y hoyos negros, sin galaxias ni tesoros, todo
son abstracciones y absorciones. Nada es suficiente. Mírame ahora, estoy
rodeada de ti, adornada con tu legado y atada profundamente a tu alma, amando
las líneas largas y cortas de cada una de tus palabras, pendiente de tus ojos y
mis ojos muertos cada día, queriendo volver a verte.
Escúchame, padre, como siempre.
No sé cómo combatir, sin embargo, con esta vida, con esta parte de ella que no
me enseñaste a vivir. Al menos sé que sabes mis miedos y todo lo que en ellos habita,
que nunca comprendiste; y sé que podrás perdonar, tal vez. Al menos eso lo
sabrás también. Aquí tu recuerdo no logra eclipsar del todo las malas rachas,
los cortes y los recortes pero, ¿lo permitiré? No quisiera de nuevo pensar en
el cataclismo porque no sería verdad; la verdad tiene tintes de magia y
oscuridad, está embriagada de mala suerte.
La verdad se siente diferente cada
día.
El amor se ve difuso pero se
siente vivo y fuerte, el futuro ensordece pero ilusiona, asusta con sus
destellos a esta, tu niña malcriada, que tiene que ser adulta porque tú ya no
estás aquí para defenderla; me ilusiona tanto que no sabría cómo explicártelo de
no ser por esta absoluta y estúpida certeza que tengo de que ya lo sabes.
Escucha todas las improbabilidades, ¿ahora lo ves? Tal vez no sólo te referías
al país cuando dijiste que yo no pertenezco aquí.
No te veo, aunque te encuentro;
las maravillas siguen aquí, brillando, esperando por ti. Te extraño. Te extrañamos.
Escucha, mi universo es ilimitado
pues el verbo es el doble del cosmos, pero no me cansaré de tratar de conciliar
éste, tratar de resolverlo, tratar de entender y escucharte a ti como eres
ahora: un ente más allá. Simplemente más y siempre más.
Es difícil para mí contemplar la
realidad, además me divierte sobremanera tratar de cambiarla, morirme por ella y
volverla a inventar, pero lo cierto es que esto no me he dejado sentirlo
siquiera, solamente lo respiro a través de cosas como esta para no volver a
sentir que el cielo me aplasta contra el concreto, que mil manos tratan de
sujetarme mientras mi psique sufre un infarto y mi cuerpo se rinde, finalmente,
ante el espíritu que intenta contener. Escucha, no puedo hacer eso todos los
días.
Sin embargo, trato de seguir ese
espíritu ahora; intento pensar qué es lo que me ‘gustaría’ aunque pienso demasiado
en ti. Sé que pasará, aunque todo lo que ignoro lo vuelvo prosa, y todo lo que
no es prosa lo ignoro. Todo lo que me toca se destruye. Ojalá pudiera estar ahí
contigo, disculparme y decir: escucha, yo pienso en ti cada día y cada noche.
Te amo cada día y cada noche. Ojalá, simplemente, nunca hubieras tenido que
irte. Como debería ser.
sábado, 21 de febrero de 2015
Vicio propio
A veces pienso que toda esta inflamación es culpa mía, que
mi altivez se devora mi cara, que mi terror revuelve mi cabeza y me deja
mareada todos los días, me quita poco a poco la fuerza. No sé responder
preguntas, he perdido la capacidad para reaccionar y salvar mi vida, sin
embargo (y aunque soy la autora
intelectual de todos los crímenes en contra de mi cuerpo y, hasta cierto punto,
mi alma) no se puede decir (nadie, nunca) que ésta es mi zona de confort. Está
hecha de fuego, espinas y clavos, no hay nada de cómodo en ella.
Los ojos de los otros me miraban con lástima y dos segundos
más tarde, con desesperación. No es su culpa, no lo saben, sólo lo creen, y lo
ven pero no les importa. Soy la viva imagen de lo que quiere decir un fuerte y
claro “no tengo puta idea”. Solamente quisiera un momento de paz, una voz que
no me destruya la frágil cordura con sus preguntas, por qué no vivo, por qué no
sueño, por qué todo se detuvo.
No tengo respuestas, no puedo decirle a alguien cómo se
sienten estas cosas, lo único que se me ocurre es compararlo con la amputación
de una extremidad: no se puede dejar de pensar en ello, duelen las heridas pero
menos que los espacios vacíos, el cuerpo no se espera vivir así, es enfrentarse
a lo que uno más teme. Quizá eso sea lo que me tiene en estado catatónico y
viviendo con estos delirios de persecución: vi mi peor pesadilla hacerse
realidad y ahora no puedo dejar de verla.
Empero, contrario a lo que muchos piensan, sé pensar
positivo, sé despertar y moverme aunque sea evitando los temores o
enfrentándolos a la mala; de no ser así, sería la muerte la encargada de
escribir estas oraciones por mí, pero ella diría que estoy justo en el lugar de
donde nunca debí haber salido. Enamorada de ella, perdida con ella, ahogada, al
fin, en todo lo que más amo y que ella se ha guardado para sí.
He perdido la magia, quizá, pero no la inocencia ni la
perfidia infantil, son lo que me mantiene de pie, cada quien escoge su veneno. No
soy estúpida tampoco, sólo soy desgraciada y me he embriagado de mi culpa (mi
grande culpa), tomo mis drogas de bruja y mis artilugios de princesa, de todos
colores y formas, porque estoy siendo acosada por mi propia vida que (dicen)
necesita ser completada y llena de credenciales, propiedades y medallas, para
probar que no soy una idiota y tampoco una irresponsable. Aunque yo ya lo tenga
claro. Y a qué costo, dios mío, si parezco un ratoncito atolondrado que acaba
de atiborrarse de veneno; mejor dicho, una ballena a punto de vararse; yo
quisiera preguntar por qué, pero no tengo ese derecho.
Ojalá pudiera dormir, ojalá simplemente me dejaran en paz.
Ojalá nunca te hubieras ido.
Ojalá hubiera sido yo.
martes, 6 de enero de 2015
Piece of star
Un paso hacia atrás, sólo para mirar que sigo en el mismo lugar, justo donde me dejaste. No quisiera seguir sumando malas palabras a la lista que define mi esencia, no quisiera tampoco pensar que sigo en el lugar en el que estoy, rodeada de todo lo que me dejaste (que es todo lo que quiero y definitivamente más de lo que necesito), pero sin absolutamente nada.
No estoy sola pero se siente así, como si fuese un pedazo roto de cristal brillante, sin nada más que ofrecer, como una estrella en medio de la nada. Como una sirena accidental, una criatura que se quedó atrapada entre una etapa y la otra, y se quedó mirando todo, como una mediocre profesional.
Necesito de ti, necesito saber que sigues estando aquí, que mi alma se quedó prendida de la tuya y que se acompañan.
Muchas veces he creído estar pasmada en el aire, como si todo el mundo se moviera sin poder tocarme a mí, sin poder alcanzar mis pensamientos, ni mis sentimientos, muy a pesar de mis reacciones violentas y superficiales; nunca fue más real que hoy, nunca nada significó menos ni más. Esta vida que tengo, rodeada de supersticiones, obsesiones, necesidades infligidas y mil y un retazos de sesos y corazones, no es sorpresa que nada sea suficiente, lo que se ve y lo que no, mucho menos aquello que brilla, pesa, o vale.
No soy un trozo de polvo, ni un terrón de azúcar, ni una canción de baya de oro, soy el camino espeso de la sangre corriendo por los estacionamientos, soy el ligero trozo de nada que se sigue rompiendo en mil pedazos y que puede, como el universo mismo, seguir explotando infinitamente.
Estoy harta de todo, quisiera que todo se acabara.
Ahí está ella de nuevo, mi kraken embelesado robándome toda mi vida, haciéndome comprar cosas para nunca abrir su empaque, haciéndome contar de nuevo los números del diablo, haciéndome romper todas mis reglas. ¿Qué hice yo? Me pasan estas cosas precisamente porque no hago nada, ni hice, ni haré. Solamente intento por cinco segundos, después, me agoto y me alejo; y durante todas esas veces pasadas (vicisitudes, tragedias) salía ilesa porque siempre estabas tú, ahora sé que lo más prudente sería dejarme morir.
Me alcanzará y me matará, me persigue y se relame los labios. A nadie le gusta ese olor a miseria, berrinche infructuoso y sueños que se fueron a la mierda, más que a ella.
Por favor, escúchame, necesito saber que estás aquí.
No estoy sola pero se siente así, como si fuese un pedazo roto de cristal brillante, sin nada más que ofrecer, como una estrella en medio de la nada. Como una sirena accidental, una criatura que se quedó atrapada entre una etapa y la otra, y se quedó mirando todo, como una mediocre profesional.
Necesito de ti, necesito saber que sigues estando aquí, que mi alma se quedó prendida de la tuya y que se acompañan.
Muchas veces he creído estar pasmada en el aire, como si todo el mundo se moviera sin poder tocarme a mí, sin poder alcanzar mis pensamientos, ni mis sentimientos, muy a pesar de mis reacciones violentas y superficiales; nunca fue más real que hoy, nunca nada significó menos ni más. Esta vida que tengo, rodeada de supersticiones, obsesiones, necesidades infligidas y mil y un retazos de sesos y corazones, no es sorpresa que nada sea suficiente, lo que se ve y lo que no, mucho menos aquello que brilla, pesa, o vale.
No soy un trozo de polvo, ni un terrón de azúcar, ni una canción de baya de oro, soy el camino espeso de la sangre corriendo por los estacionamientos, soy el ligero trozo de nada que se sigue rompiendo en mil pedazos y que puede, como el universo mismo, seguir explotando infinitamente.
Estoy harta de todo, quisiera que todo se acabara.
Ahí está ella de nuevo, mi kraken embelesado robándome toda mi vida, haciéndome comprar cosas para nunca abrir su empaque, haciéndome contar de nuevo los números del diablo, haciéndome romper todas mis reglas. ¿Qué hice yo? Me pasan estas cosas precisamente porque no hago nada, ni hice, ni haré. Solamente intento por cinco segundos, después, me agoto y me alejo; y durante todas esas veces pasadas (vicisitudes, tragedias) salía ilesa porque siempre estabas tú, ahora sé que lo más prudente sería dejarme morir.
Me alcanzará y me matará, me persigue y se relame los labios. A nadie le gusta ese olor a miseria, berrinche infructuoso y sueños que se fueron a la mierda, más que a ella.
Por favor, escúchame, necesito saber que estás aquí.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Unbearable
Un día pensé saber justamente cuál era el momento más triste
de mi vida, y estaba equivocada. Cualquiera que no hubiese mirado con cuidado
podría afirmar que fue cuando me arrancaron de las manos a mi compañera de
vida, cuando el destino me arrebató a mi gran amor y fui testigo de cómo la
consumía; todo esto quizá debido a que lloré y berreé como una niña o, quizá,
porque nadie podía recordar ya el momento en el que, quien se aplastó contra el
suelo y se consumió casi hasta los huesos, fui yo.
Era de esperarse, por
supuesto, porque yo no lloraba, ni mostraba más de dos grados por encima de mi
habitual amargura y desesperación; la destrucción, a veces, es tan profunda que
no llega a desbordarse. Y es aquí donde admito que hace menos de un mes pensaba
que el día más triste de mi vida fue la primera vez que te fuiste.
No pensaba siquiera en lo afortunada que aún era, sólo
pensaba en que verte sería complicado e incómodo, que hablarte me costaría
mucho y que las trabas y los disgustos harían de todo aquello, la realidad más
complicada que me había tocado vivir. Tú, como siempre, haciéndome ver lo
ingenua que puedo ser. Si tan sólo faltaba llamarte para que estuvieras ahí,
sólo faltaba tiempo y comunicación, y extrañarte, extrañarte tanto que nunca
jamás pudiese olvidar cuánto te amo y ahí, cuando todo se recuperó, volviste.
Perdóname por la renuencia, perdóname si pensé que todo
sería un error y eso me hiciera hablarte de forma tan egoísta; ahora tú, más
que nadie, sabes que yo no soy nada más que una víctima de mi propio terror.
Ojalá hubiese podido exprimir hasta la última gota de todo
lo que vivimos, todo lo que yo quisiera es poder regresar el tiempo para
quedarme contigo esa mañana y defenderte de todo, protegerte con mi vida, como
tú siempre hiciste conmigo. Yo quisiera haber podido darte todo lo que planeaba
dar, hubiese amado tener el valor suficiente y, aquel 26 de mayo, haber hecho
las cosas diferente.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
por favor, devuélveme a mi padre.
No hay un solo segundo que pase en que no piense que mi
pecado imperdonable te llevó a ti en el camino de mi juicio, que, como dicen
por ahí, llamé a la Desgracia por su nombre; yo le pinté el camino a la muerte.
En este lugar no hay nada más que ira y melancolía, los
saltos entre una y otra se dan sólo parpadeando, y suelen mezclarse y volvernos
solamente sombras dudosas de lo que éramos, porque aunque fuimos, durante algún
tiempo, la familia que dejaste rota, aún nos arrullabas con tus canciones y tus
comentarios ácidos. Tú sí fuiste valiente, tú sí lo enfrentaste y reparaste;
nos hiciste tan felices que después, el universo nos vino a cobrar los
intereses.
Yo creía conocer la tristeza y el dolor, y el peor día de mi
vida, pero yo no sé absolutamente nada. Entra entonces el
pánico y su efecto de estupor acogedor: que tal vez todo esto sea una
alucinación inútil que se ha prolongado demasiado, porque en mis sueños te veo
tan claro como en mi rostro, en mis sueños te escucho fuerte y alegre, como en
mi voz; ojalá un día despierte y me encuentre contigo apresurándome para
irnos, como siempre.
Te confieso que he perdido el camino, y la fuerza para
caminarlo; que el dolor es tan insoportable que no me dejo sentirlo porque
perdería la razón de un solo golpe. Hay que dosificarlo, hay que concentrarse
en despertar todos los días y no salir corriendo a buscarte en todas partes,
porque estamos todas rodeadas de ti, parece que todo está firmado con tu
nombre.
Alguien destruyó el universo que tengo por dentro, no más
creatura marina, no más luz de luna mortal, ya no me queda nada. Todos dicen
que es cuestión de tiempo, pero el tiempo no va a llenar todos los espacios
vacíos en las oraciones, en las fotografías, y en las almas de las tres mujeres
que has dejado aquí. El tiempo no va a hacer nada conmigo, nací sin saber
permitirlo. ¿Tú crees que yo me voy a olvidar de ti? He atesorado cualquier
cantidad de callejones sin salida emocionales a los que he regalado inútilmente
una parte de mi vida, y yo a ti te debo la mitad de lo que soy. Ni la soledad,
ni el dolor, ni la miseria absoluta te han de apartar de mí, simplemente sería
inadmisible… ni creas que me olvido de ti.
Ya no sé si pueda volver a construir las enfermedades
léxicas psicotrópicas de antes, ni creo poder sentirme de nuevo como si hubiese
alguien siempre dispuesto a sacarme de mi ensimismamiento, que siempre
estuviese de mi lado, porque sé que ése siempre has sido tú y sólo tú. La
realidad es que, una vez más, todo lo que podría haber salido infinitesimalmente
mal, ha resultado un millón y medio de veces peor.
No lo acepto, aunque tenga sentido, pues no se puede uno
abrir y dejar rasgar, desgarrar y medio matar sin recibir un castigo; no se
puede conjurar y maldecir, y luego, seguir estando bendito; al menos yo nunca
he podido. Mira, tan sólo mira, ya no tengo idea de lo que estoy haciendo, sólo
sé que lo hago para no pensar en que todo está perdido y que ya no me importa
una mierda arreglarlo. Esto no es vida, esto no es el mundo, pues, ¿cómo puede
ser éste mi mundo, si me faltas tú?
lunes, 8 de septiembre de 2014
Crawling back to you.
Las fantasías derivan una a una, como alucinaciones, como oleadas; el silencio ya no reina aquí, después de todo, aquí ya no reina nada. Aquí sólo hay un piso de mármol, inundado por unos cuantos centímetros de agua, que ya no alberga al monstruo que se alimentaba de piezas de plata; habita solamente una criatura blanda, gelatinosa, jaspeada, con los cabellos apelmazados y la piel marcada por la arena, los golpes y las noches sin dormir. Esa sirena ya no canta, ni habla, ni sueña; se limita a dejar correr su pensamiento y dejarlo tropezar, a malinterpretar todos y cada uno de sus sentimientos para luego estrellarlos contra el suelo y dejar que se rompan para siempre. Así es como se cierra el círculo de las fantasías raquíticas, de las ilusiones cancerosas; de todas y cada una de las sospechas alérgenas.
La luna no quiere acercarse a ella, ni la fortuna, ni la verdad; tampoco quiere mirarla a los ojos y el sentimiento es mutuo, ella sólo se sienta junto al agua, que escasea más cada vez, y llora por su pecado imperdonable. Noche a noche, las dos se fusionan, se besan y se destruyen sin mirarse, sin hablarse, sin tocarse, solamente comunicándose a través de suspiros cortos y superficialidades, porque están juntas en la misión de destruir mi alma.
Ya no puedo aferrarme a los recuerdos, para empezar, ya ni siquiera tengo fuerza, ni luz de luna, ni piel de sirena: después de todo, ya no tengo nada. Mi memoria lúcida e intergaláctica se ha fragmentado en pedazos tan pequeños que no les puedo reconocer, y mucho menos levantarles del suelo, lo único que sí puedo hacer es, al fin, decir que nadie, con nombre, corazón, alma, dignidad, o sin ella, ha venido a robarle a estas mujeres la esperanza, ni la tranquilidad.
Es bien sabido que los artistas y los lunáticos nacen y se alimentan de la soledad y la miseria: el disturbio los cría, la paranoia los orienta; los quiebres hacen latir sus corazones, la melancolía les hace vibrar el alma; viven todos sus días tratando de encontrarse con sus cruces y sus parroquias, tan sólo para morir víctimas de sus propios pensamientos, y aquí estás tú, leyendo esto, contemplando una de mis múltilples muertes, creyendo (si supieras) que tú eres el autor de cada uno o alguno de estos sentimientos.
Si bien es cierto que mi sirena se seca y mi luna se autodestruye, mi universo se contrae pero no se muere; aquí la única muerte verdadera la pongo yo. Yo soy quien escribe todos los inicios y todos los finales.
Las fantasías que mueven los engranes y provocan ciclos de terrores nocturos, acechan desde sus esquinas sombrías, mirando a la criatura (ahora casi anfibia) con el afán de consternarla, pero cuando se apagan las luces, las dos son igual de oscuras, las dos están igualmente perdidas.
Éste es el texto de la fantasía mía que crees victoria tuya, ésta es la mujer rota, disfrazada de alarma contra incendios, tratando de remendarse una vez más, de estabilizar al menos una pequeña parte del caos y armar de nuevo el rompecabezas.
Éste es el texto de la renuencia absoluta, como la luna que, golpeada y aislada de todo lo conocido, se niega a apartarse de su madre, Tierra, y aquí estoy yo, como ella, agradecida por formar parte de una bellísima historia. Soy la sirena acorralada por rencores con y sin fundamentos, diarias amenazas de muerte y una potencial vista de cara, y que, sin embargo, sigue soñando con la sonrisa más dulce de todo el mundo, y con el día en el que conoció al amor de su vida portándola.
Éste es el texto imposible, así como tú y yo, imposible pero inmortal.
jueves, 31 de julio de 2014
Nonentity.
Nadie se puede imaginar siquiera lo difícil que ha sido tratar de sobrevivir atrincherada, atesorando recuerdos y tratando de limpiarlos de la decepción y del lodo en el que se han sumergido; siento que las sombras espesas de la ingratitud y la incertidumbre son lo que ensucia las livianas ideas que tenía sobre mi futuro contigo. Siento que alguien me disparó a quemaropa y me desmenuzó los momentos felices. Siento que ese alguien fuiste tú.
¿Pero quién eres tú?
Siempre sostuviste que yo no te conocía y sólo hasta este momento puedo aceptar que es así, no es que antes pudiera enfrentar el cúmulo de terrores y traspasar los canales de aguas negras sin resíduo alguno y que ahora, de pronto, decidiera tirarme a morir; es que todos esos errores no se me olvidaron y esas noches sin dormir se fueron acumulando, y todo se combinó en tu contra. Si hubiera un momento en el que no te conociera, si no te reconociera, sería justo ahora.
No es que me parezca imposible que pudieses transformarte una y otra vez con tal o cual persona, porque yo también me he adaptado a distintas situaciones para seguir pasando desapercibida, lo que no entiendo (o entendería, suponiendo lo contrario) es la mala intención. ¿Por qué ocultar ese lado de ti durante tanto tiempo?, ¿para qué mentir? No es como si yo fuese una obligación o un compromiso firmado y sellado que tienes porque no estamos ni cerca de eso, no es como si yo fuese a matarte o a matarme si las cosas no salieran bien: me he reconstruído más veces de lo que tú te imaginas. No lo sé. Pero es eso justamente lo que no me permite superarlo, lo que me revienta en las entrañas, lo que me despertó la ira que no he podido controlar.
No soporto la idea de que conmigo seas esa persona con la que me siento tan equilibrada y tranquila que puedo ser feliz, que puedo ser libre, que puedo ser yo misma; y que luego, busques y encuentres alguien más y te conviertas en algo que nunca podría terminar de aborrecer.
No me hiere tanto la duda, tampoco la traición (de existir); no me lastiman las palabras, ni los juegos, ni siquiera las acciones que pudiste o no pudiste decir, inventar o hacer con la mente, el corazón y los brazos de aquella nulidad que ni siquiera me explico por qué te interesa. Te puedo asegurar que ni siquiera me importa ella, porque no tiene nada que me pudiera alarmar. Lo que me destroza es la mentira, porque no es la primera y sé bien que puede no ser la última, me mata lo que me ocultas, me mata aquella cosa que te inspira a ser cómplice de tan triviales objetos, de tan insípidos sesos, de tan transparentes vidas.
Me duele dudar de ti y tener que despertar con esa sensación todos los días, me deja sin inspiración para escribir sobre aquellos tiempos en los que la luz de mi mundo eras tú. Me devasta creer que todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos hecho, todo lo que tú me has dicho se vaya a la basura por todas estas impresiones. Y erré, porque fui yo quien dejó pasar todas y cada una de las acciones pasadas, fui yo quien siguió adelante sin repercusiones y fuiste tú quien siguió sin aprender nada, y lo volviste a hacer, así que también erraste.
La nulidad es eso, me queda claro, pero ciertamente tiene algo que buscas y que no encuentras en mí, no sé si es cómoda mediocridad o reconfortante ignorancia, o una combinación amable de las dos; quizá conserva la frescura y espontaneidad que yo nunca he tenido, ni tendré, o quizá simplemente tú y yo, y todo esto, está destinado a fracasar y la nulidad no ha hecho más que derramar el vaso. En cualquiera de los casos, tú sabes algo que yo no, y al parecer, yo no sé nada. Nada más que lo que he querido saber.
Esta no es una carta de amor o, al menos, no lo sería para ti sino para mí, porque tengo que remendar mi corazón, como tantas veces, y lo primero es aceptar en qué me equivoqué, y fue en lo mismo que tú: dejé avanzar situaciones que debieron ser detenidas desde el primer momento. Me envenené el alma con mis debilidades disfrazadas, por supuesto, de las tuyas. Y ahora, que estoy en el proceso de desasolvar la rabia, lo que sigue es darle paso al bálsamo apaciguante del olvido, y ahí, podré mirarte de nuevo a los ojos y abrazarte como siempre he necesitado, y siempre necesitaré; y amarte, más de lo que he hecho hasta ahora, y como sé que siempre podré.
Desconozco si la nulidad vale más para ti que yo, pero sé que tú has valido éste y todos los golpes que haya recibido por ti, el problema es que no estoy segura si, por esta vez, haya sido suficente.
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