domingo, 13 de septiembre de 2020

2

 A un mes del aniversario luctuoso de mi padre me eché sobre la espalda y pensé en toda la soledad, el dolor, la rabia que me desfiguran el alma y no me dejan dormir. 

Me han dicho que tengo que esperar y sanar pero desde ese día mi corazón se partió en dos y no ha dejado de sangrar, está en algún lugar explotando por años hasta que finalmente se detendrá: como todo el universo. Qué más quisiera que pasara esta noche. 

Pensé en todas las veces que le he pedido que venga y me lleve de una vez. ¿Por qué él tampoco me escucha?, ¿por qué tampoco responde? 


sábado, 12 de septiembre de 2020

1

 


Soy el día que no llegó, 

La noche que permanece.

Mi nombre se ahogó en el mar,

La lluvia lavó mis huellas,

El sol despintó mis colores.

Sólo tus ojos me ven

Y ya no existo

porque no lo hacen. 

sábado, 8 de agosto de 2020

Insidious

 

Existes dentro de mí, te quedaste atorado en mi tráquea y ahora vivimos juntos, tal como nunca quisiste y quizás un poco peor.

Llevo cuatro noches sin dormir, viendo la luna cruzando el cielo, dando vueltas en el colchón siguiéndola; desesperada porque estoy cansada pero simplemente ya no tengo paz desde que estás aquí, ahogándote en mi garganta y no en tu casa cantándome canciones o deseándome el mal.

No sé qué hacer para que te vayas, extendí mis brazos esperando lo que fuera que tuviera que pasar, porque ya había intentado todo para que me eligieras y te quedaras. Decidí no insistir más porque ya han pasado tres años y siempre me dejas sola, llorando en la oscuridad... y créeme, no tengo idea cómo, pero al fin estás aquí. 

Creo que fue por aquel último beso que no nos dimos, o por todas las palabras que no pude decir aunque lo intenté. Creo que fue así como te encerré dentro de mi pecho y todo lo que alguna vez supe y amé tanto de ti se quedó dentro de mí.

No sé cómo dejarte ir si ya te estás volviendo parte del sistema: un montón de carne grasienta, crujientes articulaciones, cabello incipiente y tú, como un eco de quien fui cuando conocía la felicidad y sabía dormir, a pesar de todo. 

No sé cómo vivir ya sin este apéndice pesado y grueso de mis recuerdos contigo... no hay afuera quien lo extirpe y quizá, si existes aquí dentro este amor por ti morirá conmigo, nunca más se manchará de decepción si lo tengo aquí. Nadie podrá quitármelo, ni dañarlo o romperlo, ni siquiera tú.

Tal vez sea mejor así, porque cuando al fin me duermo, en mis sueños estamos tú y yo y todavía no nos hemos ido con esa mirada ardiente de odio brillando en nuestros ojos mojados: en mis sueños me amas y te amo, en mis sueños todavía estamos sonriendo. 

viernes, 31 de julio de 2020

Ice and fire / Eyes on fire


¿Que si lloré por ti? Sí, hasta que me quemaban los ojos y mis párpados tenían grabado tu nombre. Lloré como se llora a los muertos, pero era yo quien no iba a volver.
No sé por qué no debería entusiasmarme el futuro sin ti, como si no añorara mi vida antes de conocerte: esa línea recta de luces, brillos, cantos y perfumes; esa gloria mestiza de las ciudades ruidosas y las calles infinitamente oscuras.
También soy consciente, me haces falta desde que nací y la vida te ha traído de regreso a mí por tres o cuatro meses de los últimos tres años, pero siempre ha sido igual: te me vas como si nada, y me quedo con tu odio pisándome la sombra; condenada a sentirme como si la culpa (tu culpa) me tuviera contra el suelo, sujeta de la garganta. Ya no quiero que tu miedo me aprisione, tengo suficiente para ahogarme en cualquier habitación. Yo no soy juego, yo no soy duda, yo no soy lástima ni imposición. 
Hoy me arrodillé en el agua, me sumergí y enjuagué mi piel y pelo de la frustración que me estaba matando. Tus miedos y tus heridas sólo a ti te corresponden, sólo tú los puedes sanar; a los míos los miro de frente y al fin los puedo nombrar, primer paso para exorcizarlos por mí más que por nosotros. Si hubo nosotros o si aún lo hay. 
Yo no soy juego, yo no soy duda, yo no soy imposición, así tampoco sea amor ni deseo, así no sea más que esa imagen de la luna cayendo en el mar, junto a la carretera. 
¿Que si lloré por ti? Sí, y probablemente siga llorando los años que vengan por el amor que no volveré a sentir. Escucharé tu nombre y lloraré por dentro, deseando siempre volver a escuchar tu voz; y cuando te vea, seguro lloraré también por lo que sea que encuentre en tu mirada: felicidad, espero, paz. 
Aquí te dejo el amor que va a ser tuyo por siempre, lo aparto de todo dolor, rabia o acto de auto-destrucción, te libero de mí sin reservas, solamente regalándote ese tiempo precioso de mi tiempo, ese amor, rey de todo mi amor, por ti: mi universo de todos los universos.
Te amo como siempre y para siempre aunque la vida no me alcance o sea justo lo que alcance para separarme de ti. Y si otra vez coinciden nuestras miradas y me preguntas si lloré, te diré que jamás, que cuando pienso en ti todo son sonrisas, tragos dulces y canciones  bajo la noche que nos vio encontrarnos y también partir. 

lunes, 25 de mayo de 2020

Hiatus

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Dentro de mi disfuncionalmente amplio umbral del dolor, te escondes tú como mi tesoro, mi corazón fuera del cuerpo que no sé cómo mantener completo y a salvo. No entiendo mucho sobre cómo funciona la rapidez de tu mente, mucho menos ese fuego devastador que tienes en el pecho; sólo sé que me vuelve loca todas las noches y todos los días, de amor, de dolor, de alegría, de incertidumbre, de pasión: de vida. 
Mi corazón sabe que este amor está envenenado, mi alma sabe quién eres tú y quién no podrás ser jamás, pero eso no me impide amarte con terquedad y con angustia. Los días pasan lentos, ahora más lentos que nunca, y si no te veo y creo lo que dicen las voces de mi cabeza, se me escurre la esperanza y cada vez me encuentro más vacía, como en esa carta que un día te escribí al borde del abismo: vacía de amor y vacía de ti. 
No sé qué hacer con estas ganas que tengo de escapar o de arrancarme la piel poro por poro, no sé cómo hablarte sin que todo se desborde de mi pecho y se vuelva horrores y sollozos, reclamos y mala fe. No sé cómo llevar este amor a cuestas sin pensar en lo mucho que me hunde a cada paso que doy, no sé cómo reconstruirme y ser yo la mujer a la que dices que amas cada noche, como si tú y yo supiéramos algo del amor.
No sé qué es lo que buscas pero sé que no lo tengo o que no tengo suficiente, y por eso sales a encontrarlo en otro lugar, a veces deseo con el corazón que lo halles intacto para que nunca regreses y pueda tener un sólo día de expiación, pero sé que no es verdad porque más frecuentemente mi vida depende de cuánto te quedes, de cuánto me mires y cuánto me sonrías, de cuánto te creas que yo soy lo que quieres para ti. Más frecuentemente de lo que quisiera aceptar, me parece que la vida no es vida sin ti, aunque luche por evitar eso día tras día.
Mi paciencia se hizo rancia, mi corazón se detuvo, ya todo está estancado y podrido, no tengo más que ofrecer, no te puedo detener, no pude, no lo logré. Otra vez estoy aquí en la sombra deseando no ser yo para poder hablarte y que no tenga miedo y que todo salga bien; que no encuentre rabia en tus ojos, ni decepción en tu voz; que la vida me permita la oportunidad de tenerte cerca sin que se me rompa el corazón ni que yo misma me lo rompa, sin arruinarlo todo. Pero ya la tuve y lo eché todo a perder. 
¿Qué hago ahora?, ¿estás ahí?, ¿puedes oírme? 

viernes, 28 de febrero de 2020

Rainbow


Ni una sola vez, jamás, ni por un instante pensé que esto pasaría. Desdeñé mis sentimientos durante meses, entrené mis oídos para no escucharte, cerré mis ojos para no verte y quise ocultarme detrás de golpes de pecho y ansiosos saltos de fe para huir de ti y de lo que yo creí que jamás me iba a suceder. 
No sé todavía por qué, muchos estarían esperando que un choque me despertara para encontrarme de nuevo sola en la oscuridad con las manos vacías, porque a eso estoy acostumbrada. Siento como si mi mente, tan indulgente como siempre, me estuviera sembrando estas imágenes para pensar que eres tú, que estás conmigo y que me quieres, antes de matarme o sofocarme con algo terrible. 
Eso es demasiado bueno para mí, por eso no puedo quitar mis manos de tu piel ni mis ojos de tu cara, por eso te he repetido que eres un sueño, y no deseando que se termine y algo me despierte sino pensando en la tremenda suerte, tremenda luz, tremenda buena noche que sería aquella en la que todo esto pasaría de ser así.
No sé si pueda alguna vez transmitir la felicidad, la paz o el amor que depositas en mí pero puedo dibujar aquí imágenes que quizá se acerquen un poco: eres esa luz que reflejaba el mar en el atardecer de cuatro cuatros, eres esa canción de la mañana fría en la carretera junto a la playa; eres mil noches de risas dentro del auto, eres esas mil noches sin pesadillas; eres el sonido de las fiestas, la voz de las canciones, la fuerza de los vientos y todas las horas más felices de mi vida. Mucho más y nada menos. 
Eres lo único que no puedo explicar ni entender pero no quiero, porque solamente sé que supe desde el primer momento que eres el lugar al que pertenezco.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Surrender the night.

He visto los mejores nombres caer desde los estantes más altos y ninguna caída propia me ha dolido así, aunque cierto es que aquí no nos gana la decepción como nos golpea la soledad o nos apuñala la incertidumbre. ¿Qué es lo que necesito? Huir me da el bálsamo de la redención por unos instantes, el sueño me seda diario pero suavemente por un par de horas, sin embargo, aquí en mi pecho todavía se esconde un sol tibio y rosado, y no tengo opción ni ánimo más que de extirparlo de una vez por todas.
Le he prendido fuego a mi memoria porque atesorar fracasos no es justo para nosotros, me llevé las luchas y les dejé las derrotas, sin buscar culpables, sin perdón ni consuelo, y salí corriendo con los pies en los pedales y sobre las ruedas, nada me puede detener ahora.
Tanto he sabido utilizar mi fragilidad para abrirme paso entre las ortigas que ahora ya no puedo moverme sin sangrar de uno u otro lado, por eso me dejo fotografiar sonriendo, llena de polvo, sudor y honor para que ya nadie quiera venir a mentir diciendo que puede salvarme, ayudarme o protegerme, aquí nunca ha entrado nadie más fuerte que yo. Convertí en mis amores a mis enemigos confesos, y ya no podría llamar amor a lo que siento porque me despierta todos los días con ganas de matar a puño limpio, harta de no poder hacer correr la sangre en los surcos que apenas podían llamarse venas, ni inspirar amor en los hoyos negros que esa gente me ocultó bajo sus huesos y camisetas.
No es culpa de ellos concretamente si no tienen nada qué ofrecer y así pretenden que están ahí para darlo todo, a cierto tipo de gente le funciona mentirse hasta creerse, como si la palabra fuera creadora, como si se pudiera vivir de la ilusión. Son ellos quienes no son suficiente, pues yo estoy hecha de carne y hueso, de las historias que no tienen final feliz, en donde los amores se van, los besos envenenan y los padres mueren sin justicia, sangrando en las calles, en soledad.
Me he enamorado de magos que me tendieron la mano para arrancarme todo lo que pude guardar en mis entrañas, y luego desaparecieron diciendo que aquí jamás conocieron a nadie ni sintieron nada, y yo dejé que ocurriera tal vez por el hechizo de la supuesta protección que me vuelve ciega y muda, y ojalá las lágrimas hayan podido lavar los fantasmas y los sueños, esta vez, por igual.
Les he quitado el poder ahora y parecen órganos fláccidos y grisáceos, las heridas en mi cuerpo ahora parecen bordados rosados, como adornos en este envase vacío. Lo he sentido todo y ya no me sorprendería encontrarme con algún rencor o un viejo dolor debajo de mis uñas, pero me lavo las manos, ya no es bienvenido en mi cama para que me dé pesadillas, igual que ellos a los que ya no puedo llamar por su nombre; a los que bajo del pedestal donde los adoré para regresarlos a donde pertenecen, y que vuelvan a ser como nunca debieron dejar de ser: un desconocido en un bar y un viejo compañero de escuela.
Que el universo me libre de las malas decisiones, sobre todo de aquellas que puedan afectar a terceros, y que la energía de los que vinieron antes de mí me despierte al fin de lo que ya no merezco y me convenza de una vez por todas de que la deuda ha sido saldada. La noche es mía, esta noche me pertenece.