lunes, 9 de septiembre de 2013

doblégate

And then, the world exploded.

El corazón rodeado de cáncer amoratado explotó en cien mil pedacitos idénticos, en gotas de rojo intenso, perfectamente oxigenado, todo tal y como debía ser. Ya no quedaba nada más que el sonido de su voz (extremadamente falta de seriedad y de buen juicio, gusto y sentido común) y el de sus dedos (déjalo, no hagas eso) estampándose rápidamente contra las teclas, ahí se quedó en silencio, con toda la frustración manando de las heridas de su corazón asfixiado entre tumores.
No había que introducirle de nuevo una aguja, ya había tenido suficiente, en la negrura callaba como hace diez años que el hechizo comenzó y que la ha perseguido como una verdadera maldición. El universo se despedazaba también sobre su cabeza, tendiendo su cabello al fuego, llenando su cara de cenizas, no sólo había perdido su orden o se había roto de algún lado, comenzó a caer como un maldito monzón sobre su maldito e invisible/insensible cuerpo, deshaciéndose sobre su maldita lengua.
Ya no quedaba promesa del valor o el milagro de la sangre derramada, ya sólo es una maldita, una egoísta, una estúpida, la-peor-de-todas, la puta de Babilonia, el punto de fuego del mar, el ave de la noche plutónica, la nínfula malagradecida...
Doblégate.
Este fuego ya no purifica y quizá nunca lo haya hecho. Aquí ya nada arde fuerte, ya sólo estamos tú y yo.

jueves, 25 de julio de 2013

Con el fuego en el pecho

Los ecos siguen sonando aquí dentro, a veces lo entiendo y a vees no. A veces respiro y me detengo, otras sólo me saboteo; no cabe duda que ya no tengo el carácter, ni la entrega, o quizá sea que esta vez el dolor es mucho más grande, tan grande que le comió lentamente los pies a la voluntad y ya no tiene sobre qué sostenerse. Tengo el apoyo intermitente de la consciencia y de los esbozos de lástima, pero la tristeza, la pesadez, el cansacio que vienen de todos esos años de intentar y fallar, una, dos, cuatrocientas veces es algo con lo que elijo no lidiar, y bostezo ante los poros desbordantes de grasa y me inserto unos cuantos carbohidratos antes que quedarme dormida, ojalá pudiera, simplemente, dejar de existir.
Cierro los ojos y pienso, ¿qué estoy haciendo? Soy esa bala perdida de nuevo, sólo que antes tenía la fuerza como para hacer un impacto considerable, hoy ni siquiera podría producir sonido. Ya no soy quien era, y me moriría por saber quién hubiera sido ella de no haber chocado contra sus propias contradicciones y muerto en la colisión. Porque aquí ya no hay rastro de ella.

Fue un reencuentro premeditado y una mirada lasciva, fue un momento de esperanza, pero no me debo mentir, no soy más que una bola de sebo verdosa y olorosa, no me merezco menos de lo que he obtenido por idiota, por débil, por esto.

martes, 16 de julio de 2013

Heart attack in black hair dye.

¿Así iba a terminar todo? El escenario está desecho, lo incendié igual que todo, lo hice todo mal de nuevo. No puedo soportarlo. No era mi intención y pese a lo mucho que lo intenté, todo siguió saliendo mal y luego, el implacable deseo de volver en el tiempo, en el espacio, en las estrellas, en la música de los bares sucios, las luces opacas de una ciudad desconocida, un salón vacío en una escuela abandonada, me mata, me desespera.
Ahí estás tú, en todos los rincones, en los peores y en los mejores años de toda mi vida; mi luz, mi alma, mi compañera, mi guía, ahí estás, y aquí estoy yo, y como desde el primer momento, no puedo escribir para ti.


Quisiera quedarme callada,  quisiera cerrar los ojos una vez más, pensar en que nada pasa, quedarme en la línea, al filo de la verdad, observándote desde lejos, con los ojos llenos de lágrimas y la dignidad arrepentida. Y también quisiera, sólo por una noche, dormir a tu lado de nuevo, con las luces encendidas, para que no te dé miedo; hasta podría quedarme toda la noche despierta de nuevo, para observarte a la luz de la luna, para encender nuestras almas en recuerdos, en aquellos brotes de nuestras entrañas que rompieron nuestras vidas y nos unieron para siempre en un profundo secreto que se hundió en alcohol y en el rencor de un 'no' que no fue escuchado. Por que te quiero, porque te extraño y tal vez, sólo porque me odias.
No me puedo disfrazar de la mustia que crees que soy, de la falsa, de la hipócrita... no puedo, no he podido y no podré nunca ser algo que no soy para ti, y es por eso que hago esto. Pero es cierto, te traicioné, te embestí por la espalda en mi frenética lucha por hacer las cosas bien y me he dado cuenta de que nunca seré la persona buena y linda que tú y yo quisimos ser en algún momento de nuestras vidas. Siempre he admirado la manera en la que embistes de nuevo, la forma certera y rapaz en la que das cada paso porque así eres tú, y así soy yo, nadie nunca se ha venido ocultando, pero no lo entiendes y no te puedo pedir que lo hagas y mucho menos que me perdones.
Las dos debemos aprender a hacer aquello que siempre nos causo gracia, lo que compartíamos sigilosamente, también de forma ruidosa, de forma penosa y también como una broma extraordinaria, que tenía el poder de sacarnos una sonrisa donde siempre podía haber habido lágrimas... "mándalos al diablo, que se vayan al carajo, que se anoten en la lista"... Supimos que estaban ahí, creciendo lentamente en nuestros cuerpos y echando raíces en nuestras casas, y las compartimos, como miseria y como alegria, como una sangre tóxica que nos hacía ser hermanas, pero hoy debemos aprender a amputar esa soledad y esa rabia de nuestras vidas, cada quién dentro de su propio infierno, viviendo a diario su propia pesadilla.
Cada quién se hace justicia por su propia mano, mi amor (mi hermana, mi vicio, mi lado oscuro), pero la tuya y la mía son dos historias distantes, mis pasiones nunca han obedecido a las de nadie y no lo van a hacer con las tuyas. Sin embargo, ahí estás tú, escribiendo tu nombre en la lista negra de mis detractores, esperando que me muera y que luego me vaya al infierno, no puedo decir que esperaba menos, pero espero que en donde estés y como estés ahora puedas escuchar y estar segura de que yo aprecio tus convicciones, comparto tus obsesiones y adoro nuestras promesas. Aquí están tu respuestas, ésta soy yo, éstas son mis razones y mi gran amor existe. Ni siquiera tú lo puedes negar.


martes, 2 de julio de 2013

check into the hotel bella muerte

Despierta, casi asfixiada por la niebla, se siente como la seda, no como la piel de una serpiente, y espera, una vez más.
Me he dado cuenta de que esa niña está cada vez más cerca de estar muerta, y en serio quiero que lo haga, quiero que se pierda en los susurros del pasado, que se tropiece con ellos y que sofoque lentamente lo poco que le queda de cordura, ella no es nada más que un trozo de cristal de luna, un fragmento de escarcha de plata encerrado en una botella cerrada a presión con un corcho.
Mira por debajo de la puerta, el polvo remarca las pisadas y poco a poco su mente se funde con la de su agresor el retacado y se vuelca una y otra vez en sus recuerdos de su propia sangre (su propia carne, su propia vida, su propia identidad) brotando a borbotones desde sus entrañas, desde la más infinitecimal célula gritando que ojalá que se muera ella y que ojalá que desaparezca ese instante en el que ni la piel marcada con todos los amuletos del mundo pudo hacer nada para defenderla.
Ya no queda nada dentro de ella más que un pedazo de segundo que se encoge y se hace un ovillo entre la puerta y ella, esperando el momento en el que se arrodille y pida un poco de absolución para su alma pecadora, para su consciencia mugrosa y su sangre derramada.
No es nunca quien pretende ser ni tampoco lo que cree que es ni para ella ni para nadie; espera un momento y respira, escucha como poco a poco todo se precipita de nuevo dentro de ella y el agujero crece y sangra y nunca se detiene. Jamás ha visto tanta sangre en toda su vida.
Todos la odian, apesta a muerte y a delito, y a monzón.
Ella odia a todos, y escondida debajo de su alma, la mentira sigue clavándosele más como un harpón atravesando a la sirena, a la gorda sirena de río que fue vencida por el espejo, la planta purpúrea y la Mórrigan. Y ahí está, arrastrándose una vez más en la habitación de mosaicos rojo y negro que siempre ha escondido sus más grandes secretos... parece que todo en su vida es un espiral malsano y que ese piso es lo único que va a tener seguro hasta el final de todas y cada una de sus Eras.

viernes, 7 de junio de 2013

Guilt

Quisiera volver a ese momento, cuando mis piernas temblaban, posadas en cuñas de acero y una voz a lo lejos me decía que tuviera dulces sueños, los mejores sueños de todo el mundo. Me dio vuelta la cabeza y al instante habían pasado dos horas y amanecía en otro lugar, pero ahora...
No puedo cerrar los oídos, ni los brazos, ni a la nada. No puedo callarle la boca a la voz de mis entrañas que me grita que todo está mal. Todo lo que he hecho, todo lo que he dicho, desde entonces hasta ahora no ha sido más que un grave error.
No puedo moverme sin derrumbar todo a mi paso, no puedo dejar de fallar y no quiero dejar de intentarlo, hay algo por ahí que me sigue diciendo que en algún momento todo se va a mejorar, pero no, todo se sigue desbocando hacia el infierno, hacia ese cuarto gigantesco y frío con el vómito fresco escurriendo por las paredes. Que me pudra ahí, ojalá.
No me puedo perdonar, sólo puedo seguir y estrellarme el cráneo contra todo recuerdo que encuentre en mi camino, porque sí, esta es mi culpa, la mía, como una bola de fuego que danza sobre el mar abierto pero que no se apaga.
Ojalá pudiera callarlos a todos, hundirme en el placer verdadero de lo que es la ignorancia y la cavilación guerrillera, porque a eso me dedicaba justo antes de crecer y ver que cada paso que das se desmorona y te hace caer en una trampa. Al final no puedes confiar en nadie y por más que lo intentes no puedes dejar que nadie confíe en ti porque eres igual, igual que el resto.
He descubierto que a todo lo que tenía fe no era más que una pila encubierta de excremento y sangre coagulada, he descubierto que todo en mi mundo está hecho de eso.
Y quisiera desgarrarme la piel y enseñarte todos y cada uno de mis huesos para que vieras lo que todo esto me los ha quebrado y astillado, lo que los sueños rotos y las efímeras euforias trajeron para mí: la soledad absoluta, el vacío sonriente y un ovillo de trapo mojado de traiciones. Siempre lo mismo.
Es mi culpa, siempre lo ha sido. Que el infierno me haga caer en sus entrañas de una vez por todas, que la Tierra escupa esta alma descarrilada, incendiada desde el medio por su pecado imperdonable, por su remate maldito y por la manía que se la está comiendo por adentro; que su cuerpo se rinda ante la presión de su mente y sólo espero...  espero que esta vez sí se muera.

lunes, 1 de abril de 2013

With a life like yours...

Se ilumina, se esconde, se bate y luego se separa. ¿Qué es lo que se necesita? Ya no lo sé, ya no me importa. Sólo quiero silencio.
A veces quisiera correr, tomarte del cabello y preguntarte quién eres y por qué te crees con derecho a hablarme así, porque, sin importar el nombre que reciba, no es suficiente. No, no me interesa, ojalá mi vida fuera así como la tuya, cruzarme de brazos y quejarme de todo, sin mover un dedo y sin encontrarle fondo a la garganta, como si valiera tanto la nada.
Mi vida hubiera dado por tener tanto empuje, por apostarle tanto a lo seguro, a lo estructurado, monótono, sencillo, simple, blanco y organizado, predecible y tibio como el yogurt y el pasto, que mi voz y mi egoísmo tuvieran un eco tan mortal y utópico, y que lo demás tuviera sólo el promedio de lo que casi ni soy. Mi vida hubiera dado, sí, pero no.
No, porque mi vida de tropezones y malas decisiones, y enérgicas risas y lágrimas le da mil vueltas a tu mundo y aún así no sabes que pasó, no sabes por qué te da miedo la gente como yo a ti, como a la gente sin nada. No, porque no entiendes nada, porque crees que me puedes medir cuando mis ojos no caben en toda tu cara.
¿Quién eres tú?
Mi crítico, mi espectador.
No requiero de ti para hacer lo que hago, pero de ti no se puede decir más. El torrente, la fuerza, la pasión que contrae el universo lo suficiente como para que entre dentro de una lágrima iluminando lentamente los ojos no aparece con tanta frecuencia como el veneno corriendo por las venas profanas. No soy una leyenda, ni un ícono, pero veo algo que tú no ves y eso te da miedo. Que si no soy como tú y que si ya no puedo fingirlo, sí, pero no creo que sea malo. La verdad es que hay veces en que lo prefiero.
Mi tinta, mi sangre, mi corazón y mi papel y mi deseo están muy alejados de tus párpados destructores de sueños, ahí donde ninguna fobia curiosa pueda encontrarlos, y, después de todo, el león no pierde el sueño con la opinión de la oveja.

sábado, 23 de marzo de 2013

The kids from yesterday.

Crónica de un romance eterno.

Mi niñez murió de un portazo, en la cuna de la vida, en medio del silencio, la oscuridad y la brisa marina de la indiferencia; no era sólo mi cuerpo, ni mi vida, era mi alma y estaba vacía, ardiente y joven, y sola. Tenía once años y todo se me había ido, como ahora.
El agua se había escapado entre mis dedos y al pasar se había congelado, el amortentia seguía corriendo en mis venas pero mi alma... mi alma devoradora de fantasías, historias y fuego seguía intranquila, queriendo ser más porque había sido mucho tiempo menos. Y se convirtió en veneno.
No eran sus ojos, ni la lengua franca, eran los colores y la pasión y la soledad. Sobre todo la soledad. ¿Quién dice que no se puede sentir, el cobre, el rojo, el negro, el gris y el ocre? Claro que sí, cada uno estaba ahí, cada día era más largo si él estaba ahí, si podía creer que estaba ahí, cada hora era más pura, más oscura, más eterna. Cada momento, cada maldito segundo se quedó para siempre dentro de mí. Como ayer y como siempre.
Tu voz llenó mi alma, tu voz encontró lo que yo creía que no existía y ahí, en la línea divisoria entre la magia y la nada, tú construiste otro camino para mí;  la fantasía, la calamidad, la mentira, ya no importa, tú me devolviste la vida. Tú le diste un sentido al dolor, al vacío y al nudo en mi garganta, nada de esto existiría de no ser por ti. No me dio miedo dejarlo pasar y no me da vergüenza decirlo ahora, sí, te amé como jamás amé nada en mi vida, me obsesionaste contigo pero me encadenaste a mí. Nunca se rompió el contacto.
Y cada día, cada año que pasaba tenía que recordar ese momento, que me enamoré de ti, que me encontré conmigo haciéndolo y que jamás cambiaría por nada cada momento que me hiciste vivir. No me importa, no me interesa lo que el mundo tenga que decir de mí, de ti, de esto, jamás lo he hecho, por ti, mucho menos. Tan sólo quisiera un momento, una navidad encantada, una tarde desperdiciada, una brecha entre lo que soy y lo que era, entre tú y yo, como antes, como siempre. En las noches oscuras, en las tardes de lluvia y en los enojos de la tarde, ahí siempre tú conmigo.
Se puede decir que tengo miedo, que me duele, que me arde, sí, pero no es sólo eso. También sé que te amo, que no tengo dudas, que los recuerdos son de oro, que las navidades son de plata y que siempre te voy a recordar... como la primera novela, el primer momento de inspiración real, el primer personaje y el primer amor. Mi mejor amigo.
No hay nada de malo en huir, eso lo sé gracias a ti, pero mientras sigas estando aquí (golpe, lamento, corazón) quedarme siempre será la mejor decisión que he tomado.

"Maybe they leave you alone, but not me."