miércoles, 13 de abril de 2016

The fallen



Había querido rendirme, había querido pensar que la indómita necesidad (así, a secas) no había tomado con maestría las riendas de mi vida; que había, de pronto, dejado de hacer todo mal. Y henos aquí, con la mirada baja, la sonrisa inerte y el puño cerrado atiborrado de ilusiones estúpidas, palabras dulces, voces inocentes, miradas lascivas y respiraciones entrecortadas.
Voy caminando con los ojos cerrados y todas las puertas abiertas, con el corazón dando tumbos desde el pecho hasta la garganta, perfectamente consciente de las implicaciones reales de mis fantasías interestelares, sabiendo de memoria mis dimensiones y mis chispazos, y de lo que pueden llegar a provocar, la fuerza intrínseca y la gravitación universal. Todo eso, por cierto, deseándolo desde hacía demasiado tiempo, sin cosecharlo (por supuesto), improvisado y burdo pero suficiente para hacerme sonreír hasta perder la lucidez ante el desastre que sucedió.
¿Qué habita dentro de esta locura? La soledad, la amargura, la fobia a la anarquía, el desvelo y la emoción. La maldita emoción. A penas soy pendiente de que tiemblo como si estuviera completamente hecha de espuma, me deslizo hacia el fondo y me rompo al primer roce de sol abrasador, dos soles brillando en un rostro como ningún otro. A veces lo confundo todo con magia, con buenaventura, pero miento: en esta vida no hay error suficientemente grave para no ser cometido. Lo repito en mi cabeza con el fervor de un mantra. Como si me hiciera falta equivocarme más, como si no fuera ya suficiente.
¿No has entendido que estoy fragmentada? Funcional no es lo mismo que entera. Solamente quiero saber, quiero verlo yo misma, tocarlo con mis manos, recorrer ese camino con mis pies tal como si el mundo fuera eterno y no la mierda que es. ¿No ves que nos estamos matando?, ¿no ves que esto no puede ser? Perdón por marcar tu vida con éste y otros tropiezos, perdóname por todo, este y miles de días más. Solamente quiero sentir y vivir como siempre pensé que no necesitaba, que no quería.
No significa que no me duela cada letra de tu nombre: las consonantes cortantes como tus labios y las vocales infinitamente dulces, como tu mirada. Tienes esa sonrisa que cambió toda mi vida, eres ese amor que nunca olvidaré; eres mi casa, lo más sincero, la vida más brillante, la lección más transparente. Te extraño, te extraño, te amo, te amo y te amaré. Pero también sé que aunque entintara con esta frase todos los cuadernos del mundo, no sería suficiente. No seré suficiente, no soy buena, lo sé y tú lo sientes. Dejé que me arrastrara la corriente, dejé que me presionara contra el suelo haciendo pedazos lo que pensaba inquebrantable.

domingo, 14 de febrero de 2016

Light'em up on fire.



Hacía tiempo que no escuchaba mi voz interior, no por querer ignorarla, como tantas otras veces, sino porque simplemente no emitía ningún sonido. Creí que la muerte le había congelado los labios, creí que la destrucción había borrado sus ideas pero, de pronto, la escuché queriéndome convertida en algo que no soy. Me aferré, por supuesto, a las otras malas ideas, a aquellas que no me dejan dormir, las que me llenan de frustración salada que se derrama inútilmente por todas partes; me negué a aceptar que era yo misma tendiéndome trampas para parecer decente o parecer adulta, o pretender no sé qué cosas en algún mundo que no es este pero que no puede ser otro.
Estoy cansada de esforzarme, estoy cansada de creer que la libertad se esconde únicamente detrás del trabajo duro y las actitudes responsables, estoy cansada de sentirme culpable porque inevitablemente todo me sale mal y no puedo conseguir salir bien librada de prácticamente nada que se me ocurra hacer.
Estoy lista solamente para decir que no lo estoy, que no tengo idea, no tengo respuestas porque no entiendo las preguntas, lo cual me hace sentir furiosa y decepcionada porque no soy quien creía que era y lo que soy está bastante lejos de lo que quiero ser. No sé hacerme las cosas fáciles ni me hace sentir cómoda pensar en eso, a mí me gusta llenarme de drama los ojos y perfumarme con tragedia jubilosa. Estoy harta de pretender ser una persona madura en ciertos momentos mientras mi cabeza solamente quiere reventarle a la cara a golpes a todo el mundo; estoy harta de negarme a la soledad y obligarme a ser funcional y respetuosa mientras mi corazón se desmorona y el odio me quema las venas. No sé si nací con la incapacidad de estar conforme y con una habilidad única para desmenuzar eventos hasta sus últimas consecuencias, pero en verdad ya no me importa.
Que se lleve el diablo mi vida, que al final de cuentas está ya demasiado asolada por él, que esta realidad nunca sea suficiente para que a mí me envuelvan las palabras y esa voz nunca vuelva a callarse, aunque se incendie todas las noches con los recuerdos de la muerte, la soledad y el fukú, si es que así puedo ver cuando la toca el agua turquesa, la maravilla de la carne y las hermosísimas letras, que lo haga. Solamente así puedo vivir mi vida, queriendo todo mientras me revuelco indignamente en la nada; ahogándome en este torrente sanguíneo mágico y profundamente aterrado.
Sea como sea, sé quién soy yo, a mí nadie va a venir a decírmelo.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Gone in the brain



Todo comenzó con un golpe en el rostro, un martillazo de tal fuerza que reconstruyó su nublada tez, convirtiéndola en un esbozo de su antes pronunciada inestabilidad genética, llena de respaldos de la información virulenta; quedó convertida en un ser capaz de manejarse con la cara en alto, o al menos con un poco menos de renuencia a hacerlo. A ese literal golpe de suerte le siguió otro, uno más profundo y mucho menos conciso: su sangre se agitó en un maremoto, sus manos temblaban y la consciencia sacudió sus antiguos y fantásticos terrores. Su cabello se hace grande al contacto con las malas vibras, se desliza suavemente sobre los hombros gigantescos y se retuerce ante la magia negra, incapaz de ser domado por los demonios, solamente susceptible al agua fresca, delatando su alma una vez más.
Ahí está, como resultado de un frenético acto que desató una cadena de malestares que logró finalmente sacudirse, enfermándose de locura, ambición y renovada fuerza. No fue valentía, por supuesto, ni estrategia y mucho menos madurez, fue total y completa devoción; fue un momento de magia y otros dos de desgarramiento. No fue fácil, por supuesto, solamente fue constante, fue enérgico y fue milagrosamente verdadero. Es difícil encontrar un momento de sinceridad cuando se trata de un alma como esta, tan llena de profundos rencores y aún más profundos arrepentimientos, desbocada por el miedo y drogada en irrealidad, y aunque sobrevive, por supuesto, tal vez necesite darse más crédito por ello.
No es necesario remitirse de nuevo a las pruebas, a los detestables recuerdos, ni a los buenos momentos; ni al acosador insomnio una y mil noches más. No esta vez. Quizá sea suficiente con admitir que ya no se trata del juego aparentemente infinito de las identidades parciales o de los sueños agujereados, o tal vez llegó momento de dar un paso firme (con uno solo basta) y secarse las lágrimas que se ciernen sobre el cielo estrellado desde los ojos diminutos, sobre las mejillas extensas y hasta la barbilla afilada. Lágrimas que callan nombres y direcciones; sangre de su sangre y amor de sus amores.
Es algo más que hueso, carne y sangre, sin embargo. Es algo más que letras inconclusas y familias incompletas, algo más que amores no correspondidos y sesenta kilogramos de desgracias mal sazonadas: es más de lo que puede verse, aunque apenas se defienda de los comentarios crueles y las miradas vacías, aunque no pueda pronunciar palabra sin desmoronarse o disfrazarse de sonrisa eterna y perfidia socarrona, sin poder dejar de ser niña caprichosa, ilusionada y amorosa, como la más inocente aunque haya presenciado la muerte, y vivido plenamente la soledad y la deshonra. Como cuando le había dicho a quien más daño le hacía que lo volvería a intentar, pasara lo que pasara. No fue sólo en un sentido, vale la pena mencionar; cambió de fe, de rumbo, de piel y de corazón. Cambió como cambia el mundo cuando algo le está matando, cambió para renunciar a los monstruos a los que se había acostumbrado y honrar a su guardián familiar… honrar a su propia esencia.
No es tan complicado como una balada triste, en medio de una noche oscura solamente iluminada por una lámpara que emite brillo de luna, porque ese instante es solamente suyo, como el amor que todavía siente y que, si de trata de ser precisos, solamente ha visto como es en realidad. Crudo y honesto, como siempre debía haber sido. No es tan complicado como los misterios de la mala suerte, ni de la mala magia, ni del mal dormir; solamente se trata de aceptarlo como parte del panorama, como la necedad de esos cabellos y las limitaciones de esos diminutos ojos. Solamente se trata de vivirlo un poco más.
Se echó sus creencias al hombro con todo lo que contenían: textos viejos y objetos punzocortantes incluidos, simplemente se fue y no miró atrás. Se fue y quizá no regrese más.