Quisiera volver a ese momento, cuando mis piernas temblaban, posadas en cuñas de acero y una voz a lo lejos me decía que tuviera dulces sueños, los mejores sueños de todo el mundo. Me dio vuelta la cabeza y al instante habían pasado dos horas y amanecía en otro lugar, pero ahora...
No puedo cerrar los oídos, ni los brazos, ni a la nada. No puedo callarle la boca a la voz de mis entrañas que me grita que todo está mal. Todo lo que he hecho, todo lo que he dicho, desde entonces hasta ahora no ha sido más que un grave error.
No puedo moverme sin derrumbar todo a mi paso, no puedo dejar de fallar y no quiero dejar de intentarlo, hay algo por ahí que me sigue diciendo que en algún momento todo se va a mejorar, pero no, todo se sigue desbocando hacia el infierno, hacia ese cuarto gigantesco y frío con el vómito fresco escurriendo por las paredes. Que me pudra ahí, ojalá.
No me puedo perdonar, sólo puedo seguir y estrellarme el cráneo contra todo recuerdo que encuentre en mi camino, porque sí, esta es mi culpa, la mía, como una bola de fuego que danza sobre el mar abierto pero que no se apaga.
Ojalá pudiera callarlos a todos, hundirme en el placer verdadero de lo que es la ignorancia y la cavilación guerrillera, porque a eso me dedicaba justo antes de crecer y ver que cada paso que das se desmorona y te hace caer en una trampa. Al final no puedes confiar en nadie y por más que lo intentes no puedes dejar que nadie confíe en ti porque eres igual, igual que el resto.
He descubierto que a todo lo que tenía fe no era más que una pila encubierta de excremento y sangre coagulada, he descubierto que todo en mi mundo está hecho de eso.
Y quisiera desgarrarme la piel y enseñarte todos y cada uno de mis huesos para que vieras lo que todo esto me los ha quebrado y astillado, lo que los sueños rotos y las efímeras euforias trajeron para mí: la soledad absoluta, el vacío sonriente y un ovillo de trapo mojado de traiciones. Siempre lo mismo.
Es mi culpa, siempre lo ha sido. Que el infierno me haga caer en sus entrañas de una vez por todas, que la Tierra escupa esta alma descarrilada, incendiada desde el medio por su pecado imperdonable, por su remate maldito y por la manía que se la está comiendo por adentro; que su cuerpo se rinda ante la presión de su mente y sólo espero... espero que esta vez sí se muera.
viernes, 7 de junio de 2013
lunes, 1 de abril de 2013
With a life like yours...
Se ilumina, se esconde, se bate y luego se separa. ¿Qué es lo que se necesita? Ya no lo sé, ya no me importa. Sólo quiero silencio.
A veces quisiera correr, tomarte del cabello y preguntarte quién eres y por qué te crees con derecho a hablarme así, porque, sin importar el nombre que reciba, no es suficiente. No, no me interesa, ojalá mi vida fuera así como la tuya, cruzarme de brazos y quejarme de todo, sin mover un dedo y sin encontrarle fondo a la garganta, como si valiera tanto la nada.
Mi vida hubiera dado por tener tanto empuje, por apostarle tanto a lo seguro, a lo estructurado, monótono, sencillo, simple, blanco y organizado, predecible y tibio como el yogurt y el pasto, que mi voz y mi egoísmo tuvieran un eco tan mortal y utópico, y que lo demás tuviera sólo el promedio de lo que casi ni soy. Mi vida hubiera dado, sí, pero no.
No, porque mi vida de tropezones y malas decisiones, y enérgicas risas y lágrimas le da mil vueltas a tu mundo y aún así no sabes que pasó, no sabes por qué te da miedo la gente como yo a ti, como a la gente sin nada. No, porque no entiendes nada, porque crees que me puedes medir cuando mis ojos no caben en toda tu cara.
¿Quién eres tú?
Mi crítico, mi espectador.
No requiero de ti para hacer lo que hago, pero de ti no se puede decir más. El torrente, la fuerza, la pasión que contrae el universo lo suficiente como para que entre dentro de una lágrima iluminando lentamente los ojos no aparece con tanta frecuencia como el veneno corriendo por las venas profanas. No soy una leyenda, ni un ícono, pero veo algo que tú no ves y eso te da miedo. Que si no soy como tú y que si ya no puedo fingirlo, sí, pero no creo que sea malo. La verdad es que hay veces en que lo prefiero.
Mi tinta, mi sangre, mi corazón y mi papel y mi deseo están muy alejados de tus párpados destructores de sueños, ahí donde ninguna fobia curiosa pueda encontrarlos, y, después de todo, el león no pierde el sueño con la opinión de la oveja.
A veces quisiera correr, tomarte del cabello y preguntarte quién eres y por qué te crees con derecho a hablarme así, porque, sin importar el nombre que reciba, no es suficiente. No, no me interesa, ojalá mi vida fuera así como la tuya, cruzarme de brazos y quejarme de todo, sin mover un dedo y sin encontrarle fondo a la garganta, como si valiera tanto la nada.
Mi vida hubiera dado por tener tanto empuje, por apostarle tanto a lo seguro, a lo estructurado, monótono, sencillo, simple, blanco y organizado, predecible y tibio como el yogurt y el pasto, que mi voz y mi egoísmo tuvieran un eco tan mortal y utópico, y que lo demás tuviera sólo el promedio de lo que casi ni soy. Mi vida hubiera dado, sí, pero no.
No, porque mi vida de tropezones y malas decisiones, y enérgicas risas y lágrimas le da mil vueltas a tu mundo y aún así no sabes que pasó, no sabes por qué te da miedo la gente como yo a ti, como a la gente sin nada. No, porque no entiendes nada, porque crees que me puedes medir cuando mis ojos no caben en toda tu cara.
¿Quién eres tú?
Mi crítico, mi espectador.
No requiero de ti para hacer lo que hago, pero de ti no se puede decir más. El torrente, la fuerza, la pasión que contrae el universo lo suficiente como para que entre dentro de una lágrima iluminando lentamente los ojos no aparece con tanta frecuencia como el veneno corriendo por las venas profanas. No soy una leyenda, ni un ícono, pero veo algo que tú no ves y eso te da miedo. Que si no soy como tú y que si ya no puedo fingirlo, sí, pero no creo que sea malo. La verdad es que hay veces en que lo prefiero.
Mi tinta, mi sangre, mi corazón y mi papel y mi deseo están muy alejados de tus párpados destructores de sueños, ahí donde ninguna fobia curiosa pueda encontrarlos, y, después de todo, el león no pierde el sueño con la opinión de la oveja.
sábado, 23 de marzo de 2013
The kids from yesterday.
Crónica de un romance eterno.
Mi niñez murió de un portazo, en la cuna de la vida, en medio del silencio, la oscuridad y la brisa marina de la indiferencia; no era sólo mi cuerpo, ni mi vida, era mi alma y estaba vacía, ardiente y joven, y sola. Tenía once años y todo se me había ido, como ahora.
El agua se había escapado entre mis dedos y al pasar se había congelado, el amortentia seguía corriendo en mis venas pero mi alma... mi alma devoradora de fantasías, historias y fuego seguía intranquila, queriendo ser más porque había sido mucho tiempo menos. Y se convirtió en veneno.
No eran sus ojos, ni la lengua franca, eran los colores y la pasión y la soledad. Sobre todo la soledad. ¿Quién dice que no se puede sentir, el cobre, el rojo, el negro, el gris y el ocre? Claro que sí, cada uno estaba ahí, cada día era más largo si él estaba ahí, si podía creer que estaba ahí, cada hora era más pura, más oscura, más eterna. Cada momento, cada maldito segundo se quedó para siempre dentro de mí. Como ayer y como siempre.
Tu voz llenó mi alma, tu voz encontró lo que yo creía que no existía y ahí, en la línea divisoria entre la magia y la nada, tú construiste otro camino para mí; la fantasía, la calamidad, la mentira, ya no importa, tú me devolviste la vida. Tú le diste un sentido al dolor, al vacío y al nudo en mi garganta, nada de esto existiría de no ser por ti. No me dio miedo dejarlo pasar y no me da vergüenza decirlo ahora, sí, te amé como jamás amé nada en mi vida, me obsesionaste contigo pero me encadenaste a mí. Nunca se rompió el contacto.
Y cada día, cada año que pasaba tenía que recordar ese momento, que me enamoré de ti, que me encontré conmigo haciéndolo y que jamás cambiaría por nada cada momento que me hiciste vivir. No me importa, no me interesa lo que el mundo tenga que decir de mí, de ti, de esto, jamás lo he hecho, por ti, mucho menos. Tan sólo quisiera un momento, una navidad encantada, una tarde desperdiciada, una brecha entre lo que soy y lo que era, entre tú y yo, como antes, como siempre. En las noches oscuras, en las tardes de lluvia y en los enojos de la tarde, ahí siempre tú conmigo.
Se puede decir que tengo miedo, que me duele, que me arde, sí, pero no es sólo eso. También sé que te amo, que no tengo dudas, que los recuerdos son de oro, que las navidades son de plata y que siempre te voy a recordar... como la primera novela, el primer momento de inspiración real, el primer personaje y el primer amor. Mi mejor amigo.
No hay nada de malo en huir, eso lo sé gracias a ti, pero mientras sigas estando aquí (golpe, lamento, corazón) quedarme siempre será la mejor decisión que he tomado.
"Maybe they leave you alone, but not me."
Mi niñez murió de un portazo, en la cuna de la vida, en medio del silencio, la oscuridad y la brisa marina de la indiferencia; no era sólo mi cuerpo, ni mi vida, era mi alma y estaba vacía, ardiente y joven, y sola. Tenía once años y todo se me había ido, como ahora.
El agua se había escapado entre mis dedos y al pasar se había congelado, el amortentia seguía corriendo en mis venas pero mi alma... mi alma devoradora de fantasías, historias y fuego seguía intranquila, queriendo ser más porque había sido mucho tiempo menos. Y se convirtió en veneno.
No eran sus ojos, ni la lengua franca, eran los colores y la pasión y la soledad. Sobre todo la soledad. ¿Quién dice que no se puede sentir, el cobre, el rojo, el negro, el gris y el ocre? Claro que sí, cada uno estaba ahí, cada día era más largo si él estaba ahí, si podía creer que estaba ahí, cada hora era más pura, más oscura, más eterna. Cada momento, cada maldito segundo se quedó para siempre dentro de mí. Como ayer y como siempre.
Tu voz llenó mi alma, tu voz encontró lo que yo creía que no existía y ahí, en la línea divisoria entre la magia y la nada, tú construiste otro camino para mí; la fantasía, la calamidad, la mentira, ya no importa, tú me devolviste la vida. Tú le diste un sentido al dolor, al vacío y al nudo en mi garganta, nada de esto existiría de no ser por ti. No me dio miedo dejarlo pasar y no me da vergüenza decirlo ahora, sí, te amé como jamás amé nada en mi vida, me obsesionaste contigo pero me encadenaste a mí. Nunca se rompió el contacto.
Y cada día, cada año que pasaba tenía que recordar ese momento, que me enamoré de ti, que me encontré conmigo haciéndolo y que jamás cambiaría por nada cada momento que me hiciste vivir. No me importa, no me interesa lo que el mundo tenga que decir de mí, de ti, de esto, jamás lo he hecho, por ti, mucho menos. Tan sólo quisiera un momento, una navidad encantada, una tarde desperdiciada, una brecha entre lo que soy y lo que era, entre tú y yo, como antes, como siempre. En las noches oscuras, en las tardes de lluvia y en los enojos de la tarde, ahí siempre tú conmigo.
Se puede decir que tengo miedo, que me duele, que me arde, sí, pero no es sólo eso. También sé que te amo, que no tengo dudas, que los recuerdos son de oro, que las navidades son de plata y que siempre te voy a recordar... como la primera novela, el primer momento de inspiración real, el primer personaje y el primer amor. Mi mejor amigo.
No hay nada de malo en huir, eso lo sé gracias a ti, pero mientras sigas estando aquí (golpe, lamento, corazón) quedarme siempre será la mejor decisión que he tomado.
"Maybe they leave you alone, but not me."
domingo, 3 de febrero de 2013
Como agua en el agua.
El destino abrió surcos de agua en este terreno
árido y lo que se suponía ser algo bueno se convirtió en algo a penas un poco
más visible que un estremecimiento o la piel erizada de alguien más,
contemplando tus ojos. Alguien más que te observa quietamente, desde siempre.
El tormento duró poco, la soledad volvió, el hechizo
nunca me convirtió en lo que debía sino que hizo más intenso mi deseo por lo
que ya añoraba. Es muy fácil reírse de mí, de eso me he percatado; tal parece
que llevo tatuada no la maravilla sino el fracaso, y a veces un poco peor que
el olvido, la desesperación. No soy más que la persona desecha por dentro que
busca sin parar aquello que nunca le va a llenar ese vacío, igual que antes,
pero un poco más real.
Ya no le basta a la gente con llamarme loca, sino
llamarme tonta; ya no basta con ignorarme, ahora también se ríen, o peor, me
hacen sentir culpable. Soy el eco de lo que se supone que soy, un eco fallido
que suena más parecido a una flatulencia en medio de un salón vacío.
No sé ni para qué estoy aquí ni por qué sigo
haciendo esto, no sé qué fue lo que hice mal, si fue nacer o creer que podría
superar aquello que nació mal conmigo, no sé qué es lo que sucedió en
determinado momento y que nunca he podido remediar, yo no soy como los demás.
Yo soy un espejo roto y mil años de mala suerte regados por una sala llena de
gente, sonrisas y lazos negros y bodas y cien años de soledad; nadie se percató
en ese momento y nadie lo hará jamás.
En el sentido más literal he querido llenarme,
vaciarme, reírme y llorarme, desangrarme y exorcizarme… he querido ser de ti
como no he querido nada antes, me he odiado como sólo se odia a un viejo
enemigo a traición, porque eso es lo que soy, soy el asesino a sueldo de lo que
fui que ya ni siquiera me importa. Soy el auto sabotaje, la timidez y la incomodidad,
soy el más vivo espécimen de la indiferencia.
Ya no me importa desviarme de la línea que tracé
cuando era niña y colocarme en la fila que va directo a la muerte, ya no me
importa ni siquiera comenzar a descuadrar los escritos y dejar de hablar de ti
por un momento aunque con eso me gane que no te interese seguir leyendo. No me
importa ofrecerte a la boca abierta (bien abierta) del enemigo, ni tampoco que
ese enemigo te hunda un poco más que yo.
Estoy de acuerdo, no necesito esto, no necesito
llorar para saber que me siento triste, ni hablar para saber que no me vas a
escuchar, no necesito estar contigo tampoco para saber que siempre te voy a
amar, a ti como a nadie en el mundo y a ellos para siempre jamás. No necesito
creer un día más en que “estoy bien” ni necesito hacérselo creer a nadie. No
estoy bien. Y sí, estoy loca, estoy vacía, estoy herida y estoy completamente
sola. Igual a como nací: empapada de preocupaciones, mentiras, venenos echados
en cara y amamantada de impune indiferencia y, a veces, odio total. De las
lágrimas ni siquiera es necesario hablar.
Nacimos llorando y moriremos llorando.
lunes, 14 de enero de 2013
what do they know?
¿Y tú en serio creíste que tu vida iba a cambiar después de un tatuaje? No. Comenzó a ser una buena idea pero terminó siendo igual a todo lo demás desde que lo convertiste en una mascarada, de ahí pasaste por todas las etapas de la negación hasta que, ahora, te diste cuenta que con eso no lograste nada.
De nuevo te arrepientes y piensas en que es mucho mejor callarse las cosas, mucho, mucho mejor. Pero, mujer, si ya está demostrado que no sólo no puedes mantener la boca cerrada sino que, después de unas horas, la saliva se te regresa. Y la bilis.
¿Qué es lo que obtienes? Un acto reflejo de aquello que bien conocemos tú y yo de las manifestaciones evanescentes y sus pormenores que no vale la pena mencionar, o quizá que genuinamente no estás hecha para tomar decisiones, porque por mucho que glorifiques a quienes sí, tú no eres valiente.
No, no lo eres y tampoco eres muy inteligente. De hecho, eres una estúpida según muchas definiciones. Y mucho más allá de los adjetivos que los demás te pongan, sabes bien quién eres tú, pero no sabes lo que quieres, ni lo que tienes, y nunca has sabido qué hacer con ello. Los demás al parecer sí, es como un cuello de botella del cual tratas de sacar siempre lo mejor de cada quien pero, también les das su dosis de analgésico para que no piensen que eres una idiota irreflexiva (porque eso piensan cuando no los escuchas en vez de pensar que sus 'consejos' son basura) y luego, terminas por ofrecer nada más que una quimera inservible de las opiniones de terceros que (por mucho que se esfuercen) nunca te van a poder conocer realmente.
Dejar de pedir consejos es una buena idea si tan sólo las personas con quienes puedes hablar no tuvieran el reflejo de dártelos implícitos a su juicio (que tampoco fue requerido) y cumplieran su misión de escuchar, ser parte de una sociedad implica estas cosas y ojalá tan sólo esa sociedad tuviera edad, experiencia o algún certificado lo suficientemente valioso como para ofrecerle la vida de alguien para modificarla, pero no, y hasta que no lo tenga quizá lo mejor para mí y para ti sea dejar de creer que alguien te ayudará con una verdad que se parezca al menos en algún sentido a la tuya, si ese tipo de gente existiera nada de esto hubiera pasado en primer lugar, además, que alguien tenga razón en algún punto y que te conozca, digamos, hasta ese mismo punto no la hace el hacedor del bien ni mucho menos alguien que te aconseja cosas para que 'no pases lo que él'... Ninguna vida es igual a la otra, ningun corazón puede ser guiado por otro corazón, hay una buena razón para que estén ocultos en el centro de nuestros cuerpos, protegidos de los demás. Ellos, al final... ¿qué saben ellos?
De nuevo te arrepientes y piensas en que es mucho mejor callarse las cosas, mucho, mucho mejor. Pero, mujer, si ya está demostrado que no sólo no puedes mantener la boca cerrada sino que, después de unas horas, la saliva se te regresa. Y la bilis.
¿Qué es lo que obtienes? Un acto reflejo de aquello que bien conocemos tú y yo de las manifestaciones evanescentes y sus pormenores que no vale la pena mencionar, o quizá que genuinamente no estás hecha para tomar decisiones, porque por mucho que glorifiques a quienes sí, tú no eres valiente.
No, no lo eres y tampoco eres muy inteligente. De hecho, eres una estúpida según muchas definiciones. Y mucho más allá de los adjetivos que los demás te pongan, sabes bien quién eres tú, pero no sabes lo que quieres, ni lo que tienes, y nunca has sabido qué hacer con ello. Los demás al parecer sí, es como un cuello de botella del cual tratas de sacar siempre lo mejor de cada quien pero, también les das su dosis de analgésico para que no piensen que eres una idiota irreflexiva (porque eso piensan cuando no los escuchas en vez de pensar que sus 'consejos' son basura) y luego, terminas por ofrecer nada más que una quimera inservible de las opiniones de terceros que (por mucho que se esfuercen) nunca te van a poder conocer realmente.
Dejar de pedir consejos es una buena idea si tan sólo las personas con quienes puedes hablar no tuvieran el reflejo de dártelos implícitos a su juicio (que tampoco fue requerido) y cumplieran su misión de escuchar, ser parte de una sociedad implica estas cosas y ojalá tan sólo esa sociedad tuviera edad, experiencia o algún certificado lo suficientemente valioso como para ofrecerle la vida de alguien para modificarla, pero no, y hasta que no lo tenga quizá lo mejor para mí y para ti sea dejar de creer que alguien te ayudará con una verdad que se parezca al menos en algún sentido a la tuya, si ese tipo de gente existiera nada de esto hubiera pasado en primer lugar, además, que alguien tenga razón en algún punto y que te conozca, digamos, hasta ese mismo punto no la hace el hacedor del bien ni mucho menos alguien que te aconseja cosas para que 'no pases lo que él'... Ninguna vida es igual a la otra, ningun corazón puede ser guiado por otro corazón, hay una buena razón para que estén ocultos en el centro de nuestros cuerpos, protegidos de los demás. Ellos, al final... ¿qué saben ellos?
sábado, 12 de enero de 2013
Loved with a love that was more than love
Cada hora que paso sumergida en la anarquía de mis recuerdos sabe a ti, huele a ti, lleva tu nombre, como si ni en mil años pudiera ser distinto, como si el mismo dolor me mantuviera atada siempre a la misma penumbra, como si el aire que respiro estuviera inflamándome los residuos del todo hasta sofocarme lo que existía antes de ti.
La soledad me guiñe el ojo y me toma de las manos, me cuesta trabajo reconocerla, siento apenas su helado aliento y veo esbozos pequeños del pasado clavándose como espinas en mi presente; ella me muestra sus dientes afilados, no sonrisa, sólo un gesto demoniaco que significa lo de siempre, ella ha visto mi corazón y es suyo, ella ha visto mi vida y la ha tomado para siempre. ¿Quién soy yo para querer cambiar mi destino, para cerrar los ojos y desear lo mejor?
Impuramente, enojada, maldita, ciegamente yo. Equivocada.
Abanicos de esmeralda y el reinado de la traición, ojos ciegos, tentáculos grises, niñas malvadas, niñas malcriadas, niñas, fuegos fatuos, enérgicos besos, enérgicos golpes, árboles de cristal, gigantes de las montañas, sirenas, brujas y cobardes; esto soy yo.
Una fórmula secreta de odio, de fracaso, de insólita burla al destino y de aire, y de tinta, y de nada.
¿Dónde quedamos tú y yo? En un reflejo del silencio, en un sueño con el amor, en una copa de whisky, en una sala de cine amarga por un refresco sin jarabe, en una lágrima oculta, en una primera vez de una unión irrompible, ¿y ahora qué vas a hacer? Cantarle a la luna, escribirle una última vez que adiós para siempre, luna ingrata, luna extraña, luna psicópata.
Pues bien, yo necesito decirte que te quiero, decirte que te adoro con todo el corazón.
¿En dónde quedamos tú y yo? Como Frida y Diego, como todo y como nada, unidos por el dolor, quemándonos dentro de velas encendidas, entre miles de flores frescas, en una tarde contigo y una vida que jamás olvidaré. En lo que me diste que jamás se irá y en lo que te di que, te aseguro, no será dado de nuevo. ¿Qué somos tú y yo? Un castigo. Una imagen, un recuerdo, en cada parte a donde miro, en cada lugar a donde voy, porque veo tus ojos hasta cerrando los míos; somos una canción o mil, una distancia secreta, una piel y otra piel, un silencio y un amor.
Adiós por la vez última amor de mis amores, la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós.
La soledad me guiñe el ojo y me toma de las manos, me cuesta trabajo reconocerla, siento apenas su helado aliento y veo esbozos pequeños del pasado clavándose como espinas en mi presente; ella me muestra sus dientes afilados, no sonrisa, sólo un gesto demoniaco que significa lo de siempre, ella ha visto mi corazón y es suyo, ella ha visto mi vida y la ha tomado para siempre. ¿Quién soy yo para querer cambiar mi destino, para cerrar los ojos y desear lo mejor?
Impuramente, enojada, maldita, ciegamente yo. Equivocada.
Abanicos de esmeralda y el reinado de la traición, ojos ciegos, tentáculos grises, niñas malvadas, niñas malcriadas, niñas, fuegos fatuos, enérgicos besos, enérgicos golpes, árboles de cristal, gigantes de las montañas, sirenas, brujas y cobardes; esto soy yo.
Una fórmula secreta de odio, de fracaso, de insólita burla al destino y de aire, y de tinta, y de nada.
¿Dónde quedamos tú y yo? En un reflejo del silencio, en un sueño con el amor, en una copa de whisky, en una sala de cine amarga por un refresco sin jarabe, en una lágrima oculta, en una primera vez de una unión irrompible, ¿y ahora qué vas a hacer? Cantarle a la luna, escribirle una última vez que adiós para siempre, luna ingrata, luna extraña, luna psicópata.
Pues bien, yo necesito decirte que te quiero, decirte que te adoro con todo el corazón.
¿En dónde quedamos tú y yo? Como Frida y Diego, como todo y como nada, unidos por el dolor, quemándonos dentro de velas encendidas, entre miles de flores frescas, en una tarde contigo y una vida que jamás olvidaré. En lo que me diste que jamás se irá y en lo que te di que, te aseguro, no será dado de nuevo. ¿Qué somos tú y yo? Un castigo. Una imagen, un recuerdo, en cada parte a donde miro, en cada lugar a donde voy, porque veo tus ojos hasta cerrando los míos; somos una canción o mil, una distancia secreta, una piel y otra piel, un silencio y un amor.
Adiós por la vez última amor de mis amores, la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós.
viernes, 4 de enero de 2013
See you in hell.
Cuando le di la vuelta a la página, aún estaban ahí todas las dudas, todas las lágrimas y el tiempo tirados a la basura cuando me decidí a mirar a los ojos de la gente otra vez; entiendo que hay equivocaciones mías (muchas y más profundas) pero escuchar una y otra vez la misma mentira no la hace verdad, y yo lo sé mucho mejor que nadie en este universo. Me he pasado la vida pensando en que sólo necesito tiempo y voluntad para enmedar lo que he hecho mal, que a pesar de todo lo que he planeado, lo que me explota directo en la cara y de lo mucho que he querido que nadie, nadie en absoluto tenga que cargar conmigo, he estado más cerca de la muerte yo que todas esas heridas. El esfuerzo simplemente no vale la pena.
En este ciclo se han visto envueltos muchos nombres, caras, deficiencias, firmas, asaltos y malas respuestas, eslabones todas de una infinita cadena de indiferencia clara, cuyos de dedos afilados dejan marcas en mi cuello por cada noche que me visitan, sus dientes se me clavan en la espalda como gotas de agua caliente, y nada en este mundo puede cambiar ni quitarme lo que ya sentí. Lo más extraño es que insisten en ello, en cambiar las versiones, disimular sus gestos, mentir, callar, derribar una por una todas mis evidencias hasta el punto en el que estoy con las extremidades anudadas y a punto de darme en la cara con el muro inquebrantable de ellos.
No es que sepa cómo enfrentarme con la soledad pero sé que es más leal que muchas personas que conozco; que quizá para mí está negado el apoyo, lo mirada, la angustia, lo sé pero no me importa. Todos ellos obtienen lo que no merecen de mí.
He sido necia, he sido tierna, he sido más de lo que he podido por cualquier-cosa que se pareciera a lo que quiero pero no he obtenido nada que se pueda valorar, la frustración parece una cualidad inerente a mi vida, el ejemplo está en estos ojos y en el monstruo cansado que hay detrás. No me declaro inocente de tergiversar la realidad, de desertar, de destruir y de querer volver a comenzar, no me declaro nada de lo que no me haya arrepentido (por mí), es sólo que ya estoy harta de creer ceigamente, de ser leal, de sofocarme para que otros puedan respirar, sé lo que significa la inseguridad, pero también la confusión, y he aprendido año tras año lo que significa el rencor.
Me cansé de querer expresar sentimientos porque siempre me dicen que no son ciertos, que mal intepreto la historia, mi vida y mi alma; me cansé de tomar decisiones porque siempre me las tiran de los extremos hasta arrancármelas y convertirlas en arrepentimientos, en equivocaciones, en ocasiones en las que desearía regresar el tiempo y callar todo.
Y regreso siempre arrastrando el suspiro más largo del mundo, la decepción, el trago amargo, la frustración, y luego, el odio.
En este ciclo se han visto envueltos muchos nombres, caras, deficiencias, firmas, asaltos y malas respuestas, eslabones todas de una infinita cadena de indiferencia clara, cuyos de dedos afilados dejan marcas en mi cuello por cada noche que me visitan, sus dientes se me clavan en la espalda como gotas de agua caliente, y nada en este mundo puede cambiar ni quitarme lo que ya sentí. Lo más extraño es que insisten en ello, en cambiar las versiones, disimular sus gestos, mentir, callar, derribar una por una todas mis evidencias hasta el punto en el que estoy con las extremidades anudadas y a punto de darme en la cara con el muro inquebrantable de ellos.
No es que sepa cómo enfrentarme con la soledad pero sé que es más leal que muchas personas que conozco; que quizá para mí está negado el apoyo, lo mirada, la angustia, lo sé pero no me importa. Todos ellos obtienen lo que no merecen de mí.
He sido necia, he sido tierna, he sido más de lo que he podido por cualquier-cosa que se pareciera a lo que quiero pero no he obtenido nada que se pueda valorar, la frustración parece una cualidad inerente a mi vida, el ejemplo está en estos ojos y en el monstruo cansado que hay detrás. No me declaro inocente de tergiversar la realidad, de desertar, de destruir y de querer volver a comenzar, no me declaro nada de lo que no me haya arrepentido (por mí), es sólo que ya estoy harta de creer ceigamente, de ser leal, de sofocarme para que otros puedan respirar, sé lo que significa la inseguridad, pero también la confusión, y he aprendido año tras año lo que significa el rencor.
Me cansé de querer expresar sentimientos porque siempre me dicen que no son ciertos, que mal intepreto la historia, mi vida y mi alma; me cansé de tomar decisiones porque siempre me las tiran de los extremos hasta arrancármelas y convertirlas en arrepentimientos, en equivocaciones, en ocasiones en las que desearía regresar el tiempo y callar todo.
Y regreso siempre arrastrando el suspiro más largo del mundo, la decepción, el trago amargo, la frustración, y luego, el odio.
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