sábado, 23 de marzo de 2013

The kids from yesterday.

Crónica de un romance eterno.

Mi niñez murió de un portazo, en la cuna de la vida, en medio del silencio, la oscuridad y la brisa marina de la indiferencia; no era sólo mi cuerpo, ni mi vida, era mi alma y estaba vacía, ardiente y joven, y sola. Tenía once años y todo se me había ido, como ahora.
El agua se había escapado entre mis dedos y al pasar se había congelado, el amortentia seguía corriendo en mis venas pero mi alma... mi alma devoradora de fantasías, historias y fuego seguía intranquila, queriendo ser más porque había sido mucho tiempo menos. Y se convirtió en veneno.
No eran sus ojos, ni la lengua franca, eran los colores y la pasión y la soledad. Sobre todo la soledad. ¿Quién dice que no se puede sentir, el cobre, el rojo, el negro, el gris y el ocre? Claro que sí, cada uno estaba ahí, cada día era más largo si él estaba ahí, si podía creer que estaba ahí, cada hora era más pura, más oscura, más eterna. Cada momento, cada maldito segundo se quedó para siempre dentro de mí. Como ayer y como siempre.
Tu voz llenó mi alma, tu voz encontró lo que yo creía que no existía y ahí, en la línea divisoria entre la magia y la nada, tú construiste otro camino para mí;  la fantasía, la calamidad, la mentira, ya no importa, tú me devolviste la vida. Tú le diste un sentido al dolor, al vacío y al nudo en mi garganta, nada de esto existiría de no ser por ti. No me dio miedo dejarlo pasar y no me da vergüenza decirlo ahora, sí, te amé como jamás amé nada en mi vida, me obsesionaste contigo pero me encadenaste a mí. Nunca se rompió el contacto.
Y cada día, cada año que pasaba tenía que recordar ese momento, que me enamoré de ti, que me encontré conmigo haciéndolo y que jamás cambiaría por nada cada momento que me hiciste vivir. No me importa, no me interesa lo que el mundo tenga que decir de mí, de ti, de esto, jamás lo he hecho, por ti, mucho menos. Tan sólo quisiera un momento, una navidad encantada, una tarde desperdiciada, una brecha entre lo que soy y lo que era, entre tú y yo, como antes, como siempre. En las noches oscuras, en las tardes de lluvia y en los enojos de la tarde, ahí siempre tú conmigo.
Se puede decir que tengo miedo, que me duele, que me arde, sí, pero no es sólo eso. También sé que te amo, que no tengo dudas, que los recuerdos son de oro, que las navidades son de plata y que siempre te voy a recordar... como la primera novela, el primer momento de inspiración real, el primer personaje y el primer amor. Mi mejor amigo.
No hay nada de malo en huir, eso lo sé gracias a ti, pero mientras sigas estando aquí (golpe, lamento, corazón) quedarme siempre será la mejor decisión que he tomado.

"Maybe they leave you alone, but not me."

domingo, 3 de febrero de 2013

Como agua en el agua.


El destino abrió surcos de agua en este terreno árido y lo que se suponía ser algo bueno se convirtió en algo a penas un poco más visible que un estremecimiento o la piel erizada de alguien más, contemplando tus ojos. Alguien más que te observa quietamente, desde siempre.
El tormento duró poco, la soledad volvió, el hechizo nunca me convirtió en lo que debía sino que hizo más intenso mi deseo por lo que ya añoraba. Es muy fácil reírse de mí, de eso me he percatado; tal parece que llevo tatuada no la maravilla sino el fracaso, y a veces un poco peor que el olvido, la desesperación. No soy más que la persona desecha por dentro que busca sin parar aquello que nunca le va a llenar ese vacío, igual que antes, pero un poco más real.
Ya no le basta a la gente con llamarme loca, sino llamarme tonta; ya no basta con ignorarme, ahora también se ríen, o peor, me hacen sentir culpable. Soy el eco de lo que se supone que soy, un eco fallido que suena más parecido a una flatulencia en medio de un salón vacío.
No sé ni para qué estoy aquí ni por qué sigo haciendo esto, no sé qué fue lo que hice mal, si fue nacer o creer que podría superar aquello que nació mal conmigo, no sé qué es lo que sucedió en determinado momento y que nunca he podido remediar, yo no soy como los demás. Yo soy un espejo roto y mil años de mala suerte regados por una sala llena de gente, sonrisas y lazos negros y bodas y cien años de soledad; nadie se percató en ese momento y nadie lo hará jamás.
En el sentido más literal he querido llenarme, vaciarme, reírme y llorarme, desangrarme y exorcizarme… he querido ser de ti como no he querido nada antes, me he odiado como sólo se odia a un viejo enemigo a traición, porque eso es lo que soy, soy el asesino a sueldo de lo que fui que ya ni siquiera me importa. Soy el auto sabotaje, la timidez y la incomodidad, soy el más vivo espécimen de la indiferencia.
Ya no me importa desviarme de la línea que tracé cuando era niña y colocarme en la fila que va directo a la muerte, ya no me importa ni siquiera comenzar a descuadrar los escritos y dejar de hablar de ti por un momento aunque con eso me gane que no te interese seguir leyendo. No me importa ofrecerte a la boca abierta (bien abierta) del enemigo, ni tampoco que ese enemigo te hunda un poco más que yo.
Estoy de acuerdo, no necesito esto, no necesito llorar para saber que me siento triste, ni hablar para saber que no me vas a escuchar, no necesito estar contigo tampoco para saber que siempre te voy a amar, a ti como a nadie en el mundo y a ellos para siempre jamás. No necesito creer un día más en que “estoy bien” ni necesito hacérselo creer a nadie. No estoy bien. Y sí, estoy loca, estoy vacía, estoy herida y estoy completamente sola. Igual a como nací: empapada de preocupaciones, mentiras, venenos echados en cara y amamantada de impune indiferencia y, a veces, odio total. De las lágrimas ni siquiera es necesario hablar.
Nacimos llorando y moriremos llorando.

lunes, 14 de enero de 2013

what do they know?

¿Y tú en serio creíste que tu vida iba a cambiar después de un tatuaje? No. Comenzó a ser una buena idea pero terminó siendo igual a todo lo demás desde que lo convertiste en una mascarada, de ahí pasaste por todas las etapas de la negación hasta que, ahora, te diste cuenta que con eso no lograste nada.
De nuevo te arrepientes y piensas en que es mucho mejor callarse las cosas, mucho, mucho mejor. Pero, mujer, si ya está demostrado que no sólo no puedes mantener la boca cerrada sino que, después de unas horas, la saliva se te regresa. Y la bilis.
¿Qué es lo que obtienes? Un acto reflejo de aquello que bien conocemos tú y yo de las manifestaciones evanescentes y sus pormenores que no vale la pena mencionar, o quizá que genuinamente no estás hecha para tomar decisiones, porque por mucho que glorifiques a quienes sí, tú no eres valiente.
No, no lo eres y tampoco eres muy inteligente. De hecho, eres una estúpida según muchas definiciones. Y mucho más allá de los adjetivos que los demás te pongan, sabes bien quién eres tú, pero no sabes lo que quieres, ni lo que tienes, y nunca has sabido qué hacer con ello. Los demás al parecer sí, es como un cuello de botella del cual tratas de sacar siempre lo mejor de cada quien pero, también les das su dosis de analgésico para que no piensen que eres una idiota irreflexiva (porque eso piensan cuando no los escuchas en vez de pensar que sus 'consejos' son basura) y luego, terminas por ofrecer nada más que una quimera inservible de las opiniones de terceros que  (por mucho que se esfuercen) nunca te van a poder conocer realmente.
Dejar de pedir consejos es una buena idea si tan sólo las personas con quienes puedes hablar no tuvieran el reflejo de dártelos implícitos a su juicio (que tampoco fue requerido) y cumplieran su misión de escuchar, ser parte de una sociedad implica estas cosas y ojalá tan sólo esa sociedad tuviera edad, experiencia o algún certificado lo suficientemente valioso como para ofrecerle la vida de alguien para modificarla, pero no, y hasta que no lo tenga quizá lo mejor para mí y para ti sea dejar de creer que alguien te ayudará con una verdad que se parezca al menos en algún sentido a la tuya, si ese tipo de gente existiera nada de esto hubiera pasado en primer lugar, además, que alguien tenga razón en algún punto y que te conozca, digamos, hasta ese mismo punto no la hace el hacedor del bien ni mucho menos alguien que te aconseja cosas para que 'no pases lo que él'... Ninguna vida es igual a la otra, ningun corazón puede ser guiado por otro corazón, hay una buena razón para que estén ocultos en el centro de nuestros cuerpos, protegidos de los demás. Ellos, al final... ¿qué saben ellos?



sábado, 12 de enero de 2013

Loved with a love that was more than love

Cada hora que paso sumergida en la anarquía de mis recuerdos sabe a ti, huele a ti, lleva tu nombre, como si ni en mil años pudiera ser distinto, como si el mismo dolor me mantuviera atada siempre a la misma penumbra, como si el aire que respiro estuviera inflamándome los residuos del todo hasta sofocarme lo que existía antes de ti.
La soledad me guiñe el ojo y me toma de las manos, me cuesta trabajo reconocerla, siento apenas su helado aliento y veo esbozos pequeños del pasado clavándose como espinas en mi presente; ella me muestra sus dientes afilados, no sonrisa, sólo un gesto demoniaco que significa lo de siempre, ella ha visto mi corazón y es suyo, ella ha visto mi vida y la ha tomado para siempre. ¿Quién soy yo para querer cambiar mi destino, para cerrar los ojos y desear lo mejor?
Impuramente, enojada, maldita, ciegamente yo. Equivocada.
Abanicos de esmeralda y el reinado de la traición, ojos ciegos, tentáculos grises, niñas malvadas, niñas malcriadas, niñas, fuegos fatuos, enérgicos besos, enérgicos golpes, árboles de cristal, gigantes de las montañas, sirenas, brujas y cobardes; esto soy yo.
Una fórmula secreta de odio, de fracaso, de insólita burla al destino y de aire, y de tinta, y de nada.
¿Dónde quedamos tú y yo? En un reflejo del silencio, en un sueño con el amor, en una copa de whisky, en una sala de cine amarga por un refresco sin jarabe, en una lágrima oculta, en una primera vez de una unión irrompible, ¿y ahora qué vas a hacer? Cantarle a la luna, escribirle una última vez que adiós para siempre, luna ingrata, luna extraña, luna psicópata.
Pues bien, yo necesito decirte que te quiero, decirte que te adoro con todo el corazón.
¿En dónde quedamos tú y yo? Como Frida y Diego, como todo y como nada, unidos por el dolor, quemándonos dentro de velas encendidas, entre miles de flores frescas, en una tarde contigo y una vida que jamás olvidaré. En lo que me diste que jamás se irá y en lo que te di que, te aseguro, no será dado de nuevo. ¿Qué somos tú y yo? Un castigo. Una imagen, un recuerdo, en cada parte a donde miro, en cada lugar a donde voy, porque veo tus ojos hasta cerrando los míos; somos una canción o mil, una distancia secreta, una piel y otra piel, un silencio y un amor.
Adiós por la vez última amor de mis amores, la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta, mi juventud, adiós.

viernes, 4 de enero de 2013

See you in hell.

Cuando le di la vuelta a la página, aún estaban ahí todas las dudas, todas las lágrimas y el tiempo tirados a la basura cuando me decidí a mirar a los ojos de la gente otra vez; entiendo que hay equivocaciones mías (muchas y más profundas) pero escuchar una y otra vez la misma mentira no la hace verdad, y yo lo sé mucho mejor que nadie en este universo. Me he pasado la vida pensando en que sólo necesito tiempo y voluntad para enmedar lo que he hecho mal, que a pesar de todo lo que he planeado, lo que me explota directo en la cara y de lo mucho que he querido que nadie, nadie en absoluto tenga que cargar conmigo, he estado más cerca de la muerte yo que todas esas heridas. El esfuerzo simplemente no vale la pena.
En este ciclo se han visto envueltos muchos nombres, caras, deficiencias, firmas, asaltos y malas respuestas, eslabones todas de una infinita cadena de indiferencia clara, cuyos de dedos afilados dejan marcas en mi cuello por cada noche que me visitan, sus dientes se me clavan en la espalda como gotas de agua caliente, y nada en este mundo puede cambiar ni quitarme lo que ya sentí. Lo más extraño es que insisten en ello, en cambiar las versiones, disimular sus gestos, mentir, callar, derribar una por una todas mis evidencias hasta el punto en el que estoy con las extremidades anudadas y a punto de darme en la cara con el muro inquebrantable de ellos.
No es que sepa cómo enfrentarme con la soledad pero sé que es más leal que muchas personas que conozco; que quizá para mí está negado el apoyo, lo mirada, la angustia, lo sé pero no me importa. Todos ellos obtienen lo que no merecen de mí.
He sido necia, he sido tierna, he sido más de lo que he podido por cualquier-cosa que se pareciera a lo que quiero pero no he obtenido nada que se pueda valorar, la frustración parece una cualidad inerente a mi vida, el ejemplo está en estos ojos y en el monstruo cansado que hay detrás. No me declaro inocente de tergiversar la realidad, de desertar, de destruir y de querer volver a comenzar, no me declaro nada de lo que no me haya arrepentido (por mí), es sólo que ya estoy harta de creer ceigamente, de ser leal, de sofocarme para que otros puedan respirar, sé lo que significa la inseguridad, pero también la confusión, y he aprendido año tras año lo que significa el rencor.
Me cansé de querer expresar sentimientos porque siempre me dicen que no son ciertos, que mal intepreto la historia, mi vida y mi alma; me cansé de tomar decisiones porque siempre me las tiran de los extremos hasta arrancármelas y convertirlas en arrepentimientos, en equivocaciones, en ocasiones en las que desearía regresar el tiempo y callar todo.

Y regreso siempre arrastrando el suspiro más largo del mundo, la decepción, el trago amargo, la frustración, y luego, el odio.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La insoportable levedad del ser.

La sensación del viento manoseando mi piel, el destello erizado de su respuesta y el abandono que siento en el corazón me restriegan en la cara lo poco que he logrado este año. Ya no siento lo que perseguía y dejé de perseguirlo desde hace mucho, me cuesta también reconocer lo que soy y que muchas cosas han cambiado desde que era niña hasta hoy. También me pesa que me duela tanto.
Hoy las lunas de octubre se mudaron a diciembre dándome una pista de qué fue lo que sucedió, quizá simplemente no fue un tiempo que estuviera particularmente marcado para mí, tampoco he de decir que fue un año gris porque no es cierto, tan sólo se necesita entrecerrar los ojos para ver este corazón hecho pedazos y esta memoria atiborrada de lunas sangrantes de miel, añoradas una vez más.
No puedo seguir así, ya no puedo seguir condenando mis ansias de obligar este mundo espinoso por trascender, simplemente, a que muera de sed haciendo zurcos en mi rostro y marcas en mi piel, que mis labios nunca dejen de saber a sangre y que mis rodillas nunca pierdan su violáceo color. Mis ojos se quedaron sin ser ojos, mi vida se suicidó y ya no pude soportar quien soy. Eso fue lo que pasó.
Ojalá mi poder de auto-sanación fuera tan rico como es el de mi arrepentimiento, que sintiera tanta hambre por el futuro como la siento por el pasado y que este corazón vacío con las paredes entintadas dejara de palpitar cenizas y recuperara el volcán que pudo ser antes de ser nada. Ojalá dejara de sentir la autocompasión que me mata y atentara violentamente contra la muralla que construí a mi alrededor, para que no fuera sincera y que no me pasara nada, que yo y este cuarto sabemos que no soy una buena persona, ni una heroína ni una tonta, que cuando me enfado desencadeno lo que verdaderamente soy.
Y lo que sé que puedo llegar a ser. 
Es mucho peor y más difícil vivir intentando encajar sabiendo que de eso nada tienes y que al final, todas tus decisiones terminen siendo nada más que burla y juicio para los demás, ¿qué saben ellos de esta lucha diaria, de estos malos sueños y de todas estas lágrimas? Sé perfectamente que nadie me va a defender y si a caso solamente se reirán de mí cuando caiga. Lo que he aprendido es que puedo cambiar, puedo dejar de pretender y que perderse es más divertido y valioso que buscarse, y de esta forma, aunque me cueste la vida, la libertad es lo que este corazón reclama, aunque la tenga de papel o de frágil porcelana, abrazaré esa victoria y será lo único que nadie nunca podrá quitar de las manos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Try harder.

"Poca cosa eres, muy poca. Tú que escribes, ves y juzgas, cobarde de antepasados cobardes igual que tú."- Se le calló la voz y le quedó la boca bien seca. Ya jamás sería capaz de tentar al destino de esa manera.
Se guardó el fuego en los bolsillos esperando que nadie se lo viera, esperando que un día la fuerza de su corazón recobrara el aliento, que tragándose ese fuego del mal pudiera sentir al menos un poco de su antigua esencia. Pero así está, apenas sobreviviendo de recuerdos y expediciones aguadas al pasado, poco sentido tiene, sí, poca gracia tiene, también, pero lo que uno es y de lo que uno está hecho es lo último en cambiar, por más esfuerzo que se le ponga al intento.
Ella es cobarde, cobarde hasta la última gota de su sangre, y está perdida, perdida igual que siempre, con el corazón más roto que nunca. Tiene episodios de lucidez y también de completa locura, tiene un alma incapaz de morirse completamente, pero situada en una agonía crónica y mediocre. Infinitamente mediore. 
Encarcelada en sus propios momentos de profundidad, sus leguas de absoluta penumbra, está sonriéndole a la muerte, coqueteando con ella sin importarle (más de un par de horas) lo que pueda estar sucediendo. El autosacrificio está de nuevo escrito en el calendario, ya todo está planeado otra vez; la adicción solamente se hizo más grande. Ya no tiene nada, ningua excusa, fábula o verso hecho al vapor con qué defenderse, esta vez ya no se quiere defender. Y mirando al cielo desde el mar, llorando sal sobre las heridas, mi vida, espero que esta vez sí se muera.